Juan Martín Posadas
Juan Martín Posadas

Un país de primera

Las visiones políticas se sustentan en discursos. A veces los hechos revelan con más elocuencia que los discursos las visiones políticas. La etapa finlandesa del reciente viaje presidencial fue un relato clarísimo.

Las visiones políticas se sustentan en discursos. A veces los hechos revelan con más elocuencia que los discursos las visiones políticas. La etapa finlandesa del reciente viaje presidencial fue un relato clarísimo.

Me parece que el Uruguay no ha caído cabalmente en la cuenta de todo lo que expresaron las promesas de Vázquez para atraer la tercera planta de celulosa. Fue la exposición más explícita del concepto que tienen, tanto él como el Frente Amplio, sobre el Uruguay y sus posibilidades económicas. Las posibilidades del Uruguay en el estado en que están después de pasar por las manos del Frente Amplio.

Vázquez le dijo a los finlandeses (y, lo peor, también nos ha dicho a los uruguayos) que él tiene claro que en esta tierra y en estos tiempos solo tiene viabilidad económica y esperanza de ganancia una empresa a la que le aseguren que no tendrá que lidiar con las condiciones, trabas, pesos fiscales y torpezas políticas con las que tienen que lidiar los empresarios uruguayos.

Vázquez reconoce la realidad; dice (con la franqueza necesaria para que le rinda los 4.000 millones de dólares de inversión finlandesa que necesita para terminar su mandato en paz) que la base de política- económica del país es disfuncional al desarrollo, pero que él les promete una excepción a fin de que existan condiciones para levantar la tercera planta de celulosa.

Les va a conseguir eso a los finlandeses: a los uruguayos nada. Les va a dar una generosa exoneración fiscal a ellos (una zona franca, no por unos años para empezar, sino hasta la eternidad), y un aumento de impuestos a los uruguayos (que va a salir en la próxima rendición de cuentas). Les asegura a los finlandeses que no van a tener que preocuparse por cubrir el sideral agujero que los compañeros han dejado en Pluna, Ancap, Fondes y demás: eso lo están pagando y lo van a seguir pagando exclusivamente los uruguayos. Si precisan un ferrocarril (que también precisamos nosotros) se los va a proporcionar, lo mismo que carreteras, puentes y puertos. Y, ya que estamos, les va a negociar con la dirigencia del Pit-Cnt un trato compañero que no los agobie como hacen con los empresarios uruguayos.

Lo que me resultó personalmente más descorazonador fue que las cámaras empresariales que acompañaban la comitiva oficial no hayan decidido desengancharse de la gira en su etapa de Finlandia y regresar a casa. Que hayan hecho número en el acto de presentación en el cual el gobierno reconocía oficialmente, con sonrisa seductora, las condiciones adversas y hasta imposibles de trabajo con las que ellos se tienen que manejar, mientras se le prometía, en su presencia y contando con su aplauso, a los extranjeros lo que a ellos, uruguayos, se les niega. “UPM es la única esperanza que tiene Uruguay en dos años”, dijo el economista Munyo. No hay ninguna esperanza cifrada en las empresas uruguayas; que nadie se engañe: lo dijo Vázquez en Finlandia (rodeado de los empresarios uruguayos).

Esa es la realidad y tiene dos causas: los que hacen y los que dejan hacer. Los empresarios uruguayos no se animan a enfrentar el aguacero, buscan recostarse a algún alero oficial que les guarezca la cabeza, aunque tengan los pies en el agua y el lomo empapado. ¿Habrá alguien dispuesto a correr riesgos para ayudar a quienes se dejan expoliar y, además, acompañan la comitiva de quien mantiene el sistema?

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