Juan Martín Posadas
Juan Martín Posadas

El nuevo partido

El verano ha completado el despliegue de sus ardorosos impulsos. Un año ha finalizado y empezó otro. Varios sucesos harán de este verano un tiempo memorable.

El verano ha completado el despliegue de sus ardorosos impulsos. Un año ha finalizado y empezó otro. Varios sucesos harán de este verano un tiempo memorable.

Se han registrado sucesos importantes durante estos meses, sucesos que dejarán marcas en el Uruguay. Algunos son episodios de ruina, escenas de derrumbe y descaecimiento. La irradiación de la vieja hecatombe de Pluna ha comprometido tanto el tesoro público como la reputación de altos jerarcas de este gobierno y del anterior. La educación, el plan sindical de vivienda, la violencia sin sentido sigue doliéndonos. La fuerza política que gobierna, la que un día entusiasmó a tantos compatriotas, solo tiene fuerzas para defenderse de los de afuera y cobrarse cuentas adentro.

Pero han sucedido otro tipo de acontecimientos que nos son del orden de la decadencia sino que son actos creativos, actos de vitalidad cívica, novedades políticas prometedoras. Ha nacido el Partido de la Concertación.

Este Partido nace como un emprendimiento departamental de Montevideo pero es mucho más que eso. Puede llegar a ser mucho más si lo manejan sabiamente y con grandeza. De los contrario, de no ser manejado así, se quedará en mera estratagema electoral.

De eso lo acusan los adversarios con visible molestia: se unen contra nosotros y para ganar. Es obvio: todo partido político es una conjunción a favor de algo y en contra de algo y pretende ganar. El FA no es otra cosa: una unión electoral de partidos distintos, para ganar lo que no podían ganar separados.

Lo importante del Partido de la Concertación -además de abrir la posibilidad de que Montevideo pueda emerger de la basura y librarse de la gestión de genios como los que inventaron el corredor Garzón- lo más importante es que su fundación revigoriza raíces fundamentales de la tradición política de los orientales. Me explico.

El Frente Amplio, como todas las izquierdas que tienen un ADN marxista, funciona sobre una base conceptual de exclusividad. Según ha dicho Fidel, el pluripartidismo es la pluriporquería. Las izquierdas, por su propia definición ideológica, son el partido de la justicia, la esencia de lo popular y etc. etc. En consecuencia en la cabeza frentista está clavado, en mayor o menor medida, que la misión de renovar-salvar-revolucionar-transformar al Uruguay solo puede ser llevada adelante por ellos: el Frente no necesita de nadie. Y así están funcionando.

La tradición política más valiosa del Uruguay, en cambio, es la que surge de la Paz de Abril. Blancos y Colorados, que se mataban concienzudamente en las cuchillas, inauguraron allí para siempre una cultura política de coparticipación. Deplorables interrupciones fueron el período de la dictadura con su lógica militar y la lógica que sostuvo la guerrilla (ambas de corta duración y fallidas).

En Uruguay el adversario es necesario para la construcción nacional. Siempre. Esa es la gran diferencia. Eso es lo que proclama el Partido de la Concertación por el mero hecho de haber nacido y antes que sus dirigentes digan nada.

Este país no es propiedad de nadie y necesita del concurso de todos. Vivirá, sobrevivirá y progresará en la articulación de los diferentes y no en la exclusión y el acaparamiento. Este nacimiento partidario revitaliza una característica del mejor Uruguay. Ojalá que sus dirigentes lo entiendan así y no solamente en términos de aritmética electoral.



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