Juan Martín Posadas
Juan Martín Posadas

Las internas son internas

Todo el mundo está comentando y escribiendo sobre lo que hace o dice el Dr. Vázquez. No entiendo por qué ocupa tanto espacio en los medios: no dice nada ni muy espectacular ni muy nuevo; (lo único nuevo son sus imitaciones). Menos entiendo la atención que los otros candidatos prestan a su performance, como si no hubiesen advertido que estamos en un período de elecciones internas. En las elecciones internas compite Lacalle Pou contra Larrañaga y Larrañaga contra Lacalle Pou y los otros aspirantes. En todos los partidos es igual. Y Vázquez compite con Constanza Moreira. El que pierda esto de vista se desubica fatalmente. Vázquez hace y hará continuas alusiones a otras figuras políticas, a otros partidos e incluso a otros gobiernos pasados pero no se está dirigiendo a los de afuera sino a los de adentro: está hablándole al Frente Amplio.

Todo el mundo está comentando y escribiendo sobre lo que hace o dice el Dr. Vázquez. No entiendo por qué ocupa tanto espacio en los medios: no dice nada ni muy espectacular ni muy nuevo; (lo único nuevo son sus imitaciones). Menos entiendo la atención que los otros candidatos prestan a su performance, como si no hubiesen advertido que estamos en un período de elecciones internas. En las elecciones internas compite Lacalle Pou contra Larrañaga y Larrañaga contra Lacalle Pou y los otros aspirantes. En todos los partidos es igual. Y Vázquez compite con Constanza Moreira. El que pierda esto de vista se desubica fatalmente. Vázquez hace y hará continuas alusiones a otras figuras políticas, a otros partidos e incluso a otros gobiernos pasados pero no se está dirigiendo a los de afuera sino a los de adentro: está hablándole al Frente Amplio.

En conversaciones privadas y amistosas con dirigentes del Partido Nacional hemos estado de acuerdo que a la mayoría de los uruguayos les interesa cada vez menos la esgrima política, el retruque a las alusiones del adversario, y que si se quiere recuperar el interés de la gente por las propuestas partidarias y resucitar la alicaída pasión cívica, hay que hablar del Uruguay , de sus posibilidades, de sus problemas, de su camino, de su ayer y de su mañana. Y todos a coro dicen: ¡sí, por supuesto! Pero al día siguiente vuelven a hablarnos de Vázquez, de Topolanski, del otro y del de más allá.

Vázquez está ocupándose de la tarea que le marcan los tiempos constitucionales y políticos: se está jugando una elección interna, no una elección nacional; paradójicamente está rastrillando votos cautivos, marcados y contramarcados. En términos de volumen de votos él ya tiene ganada esa elección frente a Constanza Moreira, pero está en medio de una batalla de imagen, una lucha de significados, cosas ambas que después se convierten en definiciones de identidad política y en combustible de la acción militante. El imaginario simbólico de la izquierda está hoy mucho más en disputa que en otros momentos: mucho más de lo que estuvo en la primera campaña electoral de Vázquez. Él sabe todo eso y por eso está nervioso, al punto de incurrir en patinadas (fastidio con los periodistas) que antes eran evitadas con elegancia. Está nervioso por sus chances en la disputa del corazón de la “minoría intensa”, como bien nos lo explicó Francisco Faig dos sábados atrás. Y tiene motivos para estar nervioso. Su fagina de este tiempo es por seducir, ese espacio de pocos votos pero de gran visibilidad y desproporcionado poder, que maneja los sindicatos, la Universidad y otras estructuras cruciales de poder. Por eso ha abandonado momentáneamente su estilo paz y amor, tiene que hablar duro, prometer castigo impositivo a los estancieros, viajar a Cuba y aguantar las seis horas seguidas en que Fidel Castro le explica cómo es todo.

Para las otras, las generales, Vázquez tiene que salir a pescar afuera y enfrenta un dilema porque piensa apoyarse en su gestión anterior, rememorar sus logros, evocar sus beneficios (sin despreciar una liquidación de haberes mediante un ficto). Para ello ha elegido apoyarse en su Presidencia anterior, tiempo de fiesta y felices recordaciones (¡festejen, uruguayos!). Volvió a Veiga como jefe de prensa, convocó a su misma secretaria de otrora, se reúne a cambiar ideas con Rossi, María Julia Muños y Azucena Berruti. Él también nos está diciendo: sabemos cómo hacerlo y vamos a volver a hacerlo. ¿Le suena?

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