Juan Martín Posadas
Juan Martín Posadas

Importancia del partido

Las proyecciones políticas para el largo plazo generalmente no interesan demasiado a la ciudadanía en general; suenan como algo impreciso y allá por las nubes. Parece algo más sensato y crudamente razonable aquello que se le atribuye al famoso economista John Maynard Keynes: “in the long run we shall all be dead” (a la larga vamos a estar todos muertos).

Las proyecciones políticas para el largo plazo generalmente no interesan demasiado a la ciudadanía en general; suenan como algo impreciso y allá por las nubes. Parece algo más sensato y crudamente razonable aquello que se le atribuye al famoso economista John Maynard Keynes: “in the long run we shall all be dead” (a la larga vamos a estar todos muertos).

Sin embargo es muy importante que los dirigentes políticos -por lo menos las principales figuras partidarias- tengan (y demuestren que efectivamente tienen) un norte en el largo plazo para sus actuaciones políticas cotidianas. Quizás esto no sea muy importante para una carrera política pero sin duda lo es para el país que, en su largo camino, pasa por muchas manos políticas sucesivas.

Dos dirigentes políticos que miraban cada día el largo plazo y que tenían siempre delante -aunque allá lejos- el país que querían construir, fueron Luis Alberto de Herrera y José Batlle y Ordóñez. Y los dos tuvieron una manifiesta preocupación en la consolidación de sus respectivos Partidos porque ambos intuían que, más allá de sus propias carreras y gestiones, lo que tiene la necesaria longevidad como para entregar resultados en el largo plazo, son los partidos políticos.

En el Uruguay, afortunadamente, la política es un drama o una épica en la que los actores principales han sido y son los partidos políticos. Ningún otro país de la región puede afirmar lo mismo.

Los dirigentes políticos actuales que entienden la importancia ordenadora y jerarquizadora de las metas a largo plazo son los dirigentes que cuidan a su Partido. Si no se ve claramente un cuidado solícito, severo y afectuoso hacia su Partido es señal de que falta la visión a largo plazo y, por ende, falta el concepto o la idea de un Uruguay por hacer (o por rehacer).

Hay una diferencia grande entre un plan de gobierno y lo que es una idea o sueño de país. Gran diferencia.

Los Partidos políticos uruguayos no son simplemente el terreno donde germinan y se asientan candidaturas: no son meras maquinarias electorales que se activan cada cinco años y duermen entretanto. Si los Partidos se quedan en eso se desperdician. Si los Partidos políticos uruguayos tienen 180 años en sus alforjas -los que tienen esos años- es porque “dicen” algo que sigue interesando a los uruguayos.

Las organizaciones partidarias algunas veces entienden sus raíces y su norte y otras veces se extravían momentáneamente. Cuando entienden lo que son y dónde están sus raíces y perciben nítidamente cuáles han sido las razones por las cuales han durado todos esos años, aceptan entonces de buen grado sobre sus hombros el bagaje de significación para la hazaña del largo plazo, para aquello que se deja sembrado para que germine cuando esta generación ya no esté.

El dirigente viejo -viejo de años o de cabeza- quiere hacer todo él en el poco tiempo que es suyo. En cambio el dirigente joven -de años y de cabeza- piensa en el largo plazo y cultiva fervorosamente a su Partido para que este, como siempre, sea el factor de la construcción política duradera.

De todo lo dicho el lector entenderá con facilidad a quienes se aplica y a quienes no.

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