Juan Martín Posadas
Juan Martín Posadas

Hablar claro con UPM

Es notorio que el presidente Vázquez está jugado a la tercera planta de celulosa. Habló con los titulares de UPM en su viaje a Europa y sigue negociando febrilmente ahora. En un gesto que da la medida de su desorientación incluyó consulta con el Pit-Cnt pero no con los dirigentes políticos. En el equipo de gobierno hay renuncias por la forma en que se han encarado las negociaciones.

Los finlandeses están duros: piden y piden seguridades y compromisos. Tienen motivos: han visto las trabas y los tropiezos que tuvo la construcción de la planta de Conchillas. ¿Cuánto puede tranquilizarlos la reunión de Vázquez con el Pit-Cnt cuando ven la huelga que le hacen a la empresa de gobierno Ancap, que cuesta un millón de dólares por cada semana de atraso? Menos tranquilidad debe haber traído a sus almas (y a sus bolsillos) el recuerdo de aquellas declaraciones exultantes del dirigente sindical Abdala abrazado a Maduro y alabando ante cámaras el camino que lleva Venezuela.

Ahora el senador Delgado ha hecho —parece que con éxito— un firme planteo en el sentido de incluir a todo el espectro político en las conversaciones con UPM y poner en conocimiento del Parlamento los pormenores de una inversión tan grande (y de las obligaciones a contraer). Esto, con ser buena cosa es solo la mitad de camino.

Lo que tiene que hacer el Partido Nacional en tanto, columna vertebral de la oposición, es tratar directamente con el grupo inversor y proporcionarle algunas informaciones a tener en cuenta. Primero, que este período de gobierno tiene fecha de vencimiento marcada para 2019, pero el tiempo político hábil del que dispone se le acabó: lo consumió por entero en luchas internas que han absorbido su vitalidad y sus energías por completo. Segundo, que en el país hay otras fuerzas políticas con otra vitalidad, otra visión de la economía y otros planes para el país.

Y el Partido Nacional habrá de exponer —a los finlandeses y a los uruguayos— sus convicciones básicas al respecto; a saber, una disposición favorable a la inversión extranjera directa ofreciendo facilidades pero no un país aparte; un compromiso a cambiar las cosas de modo que invertir en el Uruguay sea atractivo para todos, nacionales y extranjeros, y no como hasta ahora que solo lo es en condiciones de paraíso fiscal con nombre propio; un país donde no haya necesidades de desangrar la actividad productiva para tapar agujeros fiscales y de Ancap, Pluna, ASSE, Fondes, etc. Y, finalmente, un equipo de gobierno vacunado de nostalgias de Cuba y Maduro.

Se agregará a la exposición, como visión particular del Partido y en honor a la sinceridad, que para un país chico como el nuestro es preferible la inversión difusa, desparramada, y no una tan concentrada y tan grande, que da origen a empresas muy poderosas, parecidas a las viejas empresas del colonialismo, con posibilidad de adquirir mucho peso sobre las decisiones del gobierno (que es lo que están tratando de hacer ahora). El país necesita menos de inversiones en producción primaria y más en terrenos de ciencia y tecnología.

Finalmente se le hará ver — a la empresa y a los uruguayos— que lo más sólido que el Uruguay puede prometer es estabilidad institucional, justicia independiente, respeto por los derechos y libertades, y un sistema político de rotación de partidos en el gobierno.

Creo que los finlandeses habrán de escuchar con atención este planteo (y los uruguayos también).

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