Juan Martín Posadas
Juan Martín Posadas

Gran desconcierto

Sin previo aviso y mientras el país festejaba el juvenil éxito futbolístico en los Juegos Panamericanos el Presidente Vázquez juntó a su tropa, los mandó vestirse de Domingo, los hizo formar para la foto y se mandó la presentación de un fabuloso plan de inversiones millonarias.

Sin previo aviso y mientras el país festejaba el juvenil éxito futbolístico en los Juegos Panamericanos el Presidente Vázquez juntó a su tropa, los mandó vestirse de Domingo, los hizo formar para la foto y se mandó la presentación de un fabuloso plan de inversiones millonarias.

Cinco años atrás, cuando el mundo era otro y hasta en sus lejanos suburbios los gobiernos pagaban ruedas de copas para todos, José Mujica tuvo su tiempo inaugural con un brillo prometedor. Si discurso ante la Asamblea General fue memorable, lo mismo su discurso a las Fuerzas Armadas en Durazno y el discurso del Conrad. Desde allí fue cayendo, arrastrado por una incontrolable adicción al histrionismo y a la charla barata.

Vázquez empezó su gestión con gestos y símbolos que hicieron renacer el respeto por la política y produjeron un alivio general en el país: se acababa en ese momento la improvisación en chancletas y empezaba un gobierno. Formó su cuadro sin consultar a nadie, les hizo poner corbata a todos y dejó ostensiblemente afuera de su gabinete y afuera de su discurso a las figuras y al estilo de todo aquello que, a partir de ese momento, quedaba catalogado como pasado pintoresco pero dispendioso y estéril.

Además de la intención claramente identificable de marcar un cambio y una diferencia con los gobernantes anteriores Vázquez se ocupó de mostrar que habría un cambio también en atención a que el mundo ya no era el mismo; había cambiado, para el Uruguay y para todos los productores de commodities. Eso también era importante y era otra buena señal. Todo lo que había funcionado bajo el lema “échele hasta que se derrame” ahora tenía una voz de prudencia y realismo: hay que parar con la pavada, se acabó la fiesta.

Pero así como fue breve la buena impresión de los tiempos inaugurales de Mujica, así parece estar sucediendo en los comienzos de Vázquez. Es una lástima, pero parece que va a ser así; es como si la realidad fuese inabarcable a la percepción de cualquier estructura frenteamplista.

De la austeridad que Vázquez anunció -y que todos, menos el Pit-Cnt, convinimos que era una respuesta razonable y necesaria al cambio de la situación mundial- hemos pasado a partir de este lunes a una abundancia de recursos que parecen brotar hasta por las orejas y que van a permitir hacer obras públicas por todos lados y en todos los rubros. ¡Nada de suspender el Antel Arena! Y donde insistan mucho ¡también va el puerto de aguas profundas en Rocha!

¿Qué pasó con la sensatez? ¿Qué cambió tan rápido en la percepción sobre el cuadrante de donde sopla el viento? Hemos entrado en un macaneo de segunda generación, con mejor sintaxis pero con igual distancia de la realidad. Antes se dijo que lo político estaba por encima de lo jurídico, ahora se nos dice que la alquimia está por encima de la economía.

La propaganda electoral de Vázquez repartía stickers que decían: traigo certezas. Era para marcar distancia con el gobierno de José Mujica que había sido una montaña rusa. Pero ahora, con Fondes sí y Fondes no, Antel Arena no y Antel Arena sí, pautas sí y pautas no ¿hay mucha diferencia con aquello de “como te digo una cosa te digo la otra”?

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