Juan Martín Posadas
Juan Martín Posadas

La evidencia invisible

Voy a aprovechar para comentar un caso, de apariencia transitoria, pero que refiere a la permanente tarea de estudiar y comprender la realidad nacional. Despertó atención en nuestro medio el discurso que en octubre en el Parlamento Iberoamericano de la Juventud pronunció Gloria Alvarez. Esta joven habló sobre el populismo en América Latina, enfermedad cívica evidente en varios países. Como para algunos referentes locales esa ponencia resultó notable ella fue invitada a nuestro país para disertar sobre ese tema.

Voy a aprovechar para comentar un caso, de apariencia transitoria, pero que refiere a la permanente tarea de estudiar y comprender la realidad nacional. Despertó atención en nuestro medio el discurso que en octubre en el Parlamento Iberoamericano de la Juventud pronunció Gloria Alvarez. Esta joven habló sobre el populismo en América Latina, enfermedad cívica evidente en varios países. Como para algunos referentes locales esa ponencia resultó notable ella fue invitada a nuestro país para disertar sobre ese tema.

El populismo, como sintéticamente lo describió Gloria Alvarez en su discurso es, grosso modo, el resultado de una multitud de desamparados que son convocados por líderes políticos populacheros e irresponsables quienes les dan algunas prebendas y les prometen el oro y el moro a cambio de su fidelidad política y apoyo electoral. Estoy de acuerdo con esa descripción: así se construyen y se sustentan los populismos. Lo que sospecho es que esta joven fue invitada al Uruguay con la expectativa de que su tajante denuncia de los populismos fuese un sayo que pudiera ser endilgado al Frente Amplio, en cuyo caso habría quedado de manifiesto, una vez más, la dificultad que existe en nuestro medio para entender qué es el Frente Amplio.

La expresión política actual de la izquierda uruguaya es o está en el Frente Amplio. Este conglomerado político no es la mesnada de menesterosos que vota arrastrada por promesas demagógicas. Hay, por cierto, actos de demagogia y populismo, sobretodo en el gobierno que pasó, pero el que crea que el Frente Amplio ha crecido hasta llegar a ser la mitad del electorado en base a las tarjetas del Mides está equivocado. El electorado del Frente Amplio incluye montones de prósperos médicos, abogados, arquitectos y señoras de tailleur, empresarios exitosos y productores rurales eficientes, gente que manda sus hijos a colegios privados caros, viaja a Miami y Europa, tiene dos autos y veranea en el Este y no en la boca del Cufré.

El principal sustento político del Frente Amplio no está ni en los analfabetos incultos ni en los pobres desheredados: está en la Universidad, en los ámbitos de la cultura, en la literatura y las artes; se apoya en un imaginario social construido tenazmente durante cuarenta y tantos años y que ha llegado a ser hegemónico, apareado a un relato histórico-político claramente adulterado pero que resulta creíble para muchos uruguayos indiscutiblemente cultos. Por eso el atractivo electoral del Frente Amplio se ha mantenido firme, tanto durante las crisis económicas como durante los períodos de bonanza. También ignoran todo esto quienes afirman que el Frente Amplio ganó las elecciones gracias a que mientras fue oposición dijo no a todo.

Algunos compatriotas —entre ellos unos cuantos dirigentes políticos— no terminan de entender que, más allá de lo que expresen los manuales y las propias consignas del Frente, éste no es un partido de clase; su volumen electoral y su peso intelectual y social no proviene de un aumento de la pobreza ni del resentimiento o la envidia (que está repartida en partes iguales entre ricos y pobres) sino de impulsos políticos e históricos sofisticados, minuciosos y persistentes. Mientras esto no se entienda el Frente Amplio seguirá siendo un fantasma y luchar contra un fantasma lleva inevitablemente a dar palos en el aire, trabajosos, cansadores, y sin consecuencias. 

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