Juan Martín Posadas
Juan Martín Posadas

Las épocas políticas III

Nuestro país acompañó los vaivenes de la región siguiendo el mismo ritmo de épocas políticas sucesivas. La región está ahora en una época de pospopulismo y en nuestro país en el cuarto menguante del Frente Amplio desde su lugar dominante. Eso quiere decir que se ha ablandado el espacio político, hay menos rigidez, hay lugar para nuevas expresiones políticas; en el caso de Uruguay, entre otros fenómenos, se ha abierto lugar para nuevos actores. Es el caso de E. Novick.

Nuestro país acompañó los vaivenes de la región siguiendo el mismo ritmo de épocas políticas sucesivas. La región está ahora en una época de pospopulismo y en nuestro país en el cuarto menguante del Frente Amplio desde su lugar dominante. Eso quiere decir que se ha ablandado el espacio político, hay menos rigidez, hay lugar para nuevas expresiones políticas; en el caso de Uruguay, entre otros fenómenos, se ha abierto lugar para nuevos actores. Es el caso de E. Novick.

Novick no aparece por sí mismo en ese espacio sino que nace de un error ajeno. Pero termina estableciendo conexión con algo real (aunque de dimensión incierta). El error de concepción fue el siguiente. En el Partido Nacional y el Partido Colorado nació la idea de crear una asociación política que permitiese sumar fuerzas para derrotar electoralmente al Frente Amplio en Montevideo. El bajo nivel de los servicios municipales, el alza de los tributos, los fracasos del clientelismo, el corredor Garzón, y la pobre gestión de las dos últimas administraciones frentistas (Ehrlich, Olivera) constituían una base prometedora. Había que inventar una fórmula, institucionalizada y compatible con la legislación electoral vigente, que permitiera sumar los votos de ambos orígenes sin que hubiera que pasar por la desaparición de ninguno de los dos. La solución fue crear un nuevo Partido ad hoc para las elecciones departamentales. Así nació el Partido de la Concertación.

Al mismo tiempo se recurrió al hecho que, a diferencia de las elecciones nacionales en las que los Partidos están obligados a un candidato único, para las departamentales se pueden presentar hasta tres. Originalmente se pensó en dos candidatos, uno blanco y otro colorado; el que tuviera más votos, de ganar, sería el nuevo Intendente y la prelación la daría el votante, simplificando así el trámite de prestablecer un orden. Hasta aquí todo bien.

Pero se hizo lugar a la idea de incluir un tercer candidato que no fuera ni blanco ni colorado sino neutral. Cualquiera sabe que en política no hay neutrales, que los lugares políticos son pocos y de trabajoso acceso, que es tonto abrirle caminos a quien no se puede dirigir ni controlar y, finalmente, que siendo el sistema político uruguayo un sistema de partidos, resulta chocante para el sistema promocionar figuras sin partido. Habiendo hecho, pues, todo mal, el tercer candidato, sin partido y de relleno, les pintó la cara, cosechó más votos que los otros dos juntos y se generó una situación totalmente impensada. Luego Novick, atento a los resultados, siguió de largo. Creó su Partido de la Gente, de todos y para toda la gente. Un partido, por definición no es de todos sino de parte. Los partidos de todos existen en los totalitarismos: partido oficial, único, obligatorio, no hay otro, es de todos y para todos. Novick no resta ni un voto del Frente Amplio: se alimenta de una dieta de blancos y colorados y a quien más perjudica es al Partido Nacional que es quien podría disputar un balotaje contra el Frente Amplio.

El Partido de Novick es Novick. No tiene perfil ideológico, explícitamente lo rechaza. Su bandera es la gestión: gobernar un país es como dirigir una empresa, nos dice, (sin advertir que dirigir una empresa es lidiar con problemas y gobernar es resolver controversias). En resumen, la aparición de Novick y su Partido de la Gente introduce un factor de perturbación en lo que podría llamarse la era posfrentista. Perturbación, pero nada más.

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