Juan Martín Posadas
Juan Martín Posadas

El diálogo

En el Uruguay el diálogo es un tótem y la ejecutividad un intruso. Durante varios meses se han llevado a cabo reuniones en el Edificio Libertad entre el presidente Váz-quez y representantes de todos los partidos políticos sobre el problema de la seguridad pública.

En el Uruguay el diálogo es un tótem y la ejecutividad un intruso. Durante varios meses se han llevado a cabo reuniones en el Edificio Libertad entre el presidente Váz-quez y representantes de todos los partidos políticos sobre el problema de la seguridad pública.

Días pasados el Partido Nacional, después de una sana discusión interna, tomó la ponderada decisión de proponer y hacer una pausa para dar el tiempo necesario a efectos de que lo acordado allí tuviese su culminación en el Parlamento.

La disposición al diálogo es una disposición constructiva, necesaria y encomiable. Esa misma buena disposición se extiende a asegurarle al diálogo las condiciones para que sea efectivo, es decir, para que no se esterilice en una prolongación patológica y pueda finalizar en decisiones concretas.

El diálogo es un componente esencial de la construcción común realizada en- tre participantes diferentes. Cuando el actor A presenta una opinión o postura determinada para encarar un problema común con el actor B, el cual presenta otra opinión y otra postura y ninguno de los dos tiene la capacidad de solucionar el problema sin el concurso del otro, en ese caso el diálogo es la salida razonable, pacífica y más prometedora. Mediante el diálogo se logra una solución que no es la de A ni la de B sino un compromiso que hace posible tomar una decisión y seguir adelante en la resolución de la controversia y en el ata- que más eficaz a la dificultad común (en este caso, la inseguridad).

Esto quiere decir que el diálogo tiene que terminar, tiene que desembocar en una decisión de actuar. De lo contrario el dialogo se extiende indefinidamente, se convierte en una metástasis o en una adicción que se devora a sí misma, consume tiempo y no cumple con lo que se necesita: llegar a una decisión conjunta para actuar.

El Partido Nacional ha actuado juiciosamente en el sentido de que los temas acordados entre los Partidos y el presidente Vázquez pasen al Parlamento y allí se concreten en leyes. Demás está decir que el Parlamento hubiera sido el lugar natural del diálogo y la negociación. ¿Para qué otra cosa están los Parlamentos? Aunque es entendible que, en la situación actual de desorganización interna que padece el Frente Amplio, el presidente Vázquez haya estimado necesario intervenir en el tema para evitar los divagues y contradicciones previsibles que entorpecerían allí cualquier aproximación. Por eso el Partido Nacional concurrió a la invitación presidencial y está dispuesto a reanudarla una vez que las cosas ya acordadas allí se hayan convertido en ley y así se pueda seguir avanzando con eficacia en el tema. De no suceder esto el país tendrá muchas declaraciones, muchas reuniones y mucho diálogo pero ninguna medida concreta y la falta de seguridad -que es el motivo real de preocupación (y del diálogo)- continuará amenazando la vida ciudadana igual que antes.

El hecho de que los otros Partidos (y los concurrentes sin Partido) no hayan comprendido el planteo, tan sencillo como convincente, del Partido Nacional, no es motivo para preocuparse. Lo que preocupa de verdad al país es no tener ningún proyecto de ley aprobado, ningún resultado concreto para mejorar la inseguridad, que es la finalidad que se persigue.

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