Juan Martín Posadas
Juan Martín Posadas

Contratos y subcontratos

Cuando me acuerdo de aquel pregón de la campaña electoral del Frente Amplio que hablaba de un gobierno serio para un país de primera me vienen a la cabeza expresiones que no son aptas para publicar. De la seriedad del gobierno ya no hablan ni los frentistas y el país ha dejado de ser de primera.

Cuando me acuerdo de aquel pregón de la campaña electoral del Frente Amplio que hablaba de un gobierno serio para un país de primera me vienen a la cabeza expresiones que no son aptas para publicar. De la seriedad del gobierno ya no hablan ni los frentistas y el país ha dejado de ser de primera.

Toda sociedad está armada sobre acuerdos básicos que refieren principalmente a tres asuntos: quién manda o dirige (autoridad), quién hace qué cosas (división de funciones), y cómo se reparte o adjudica el fruto del trabajo y la producción. Y las tres cosas se negocian y renegocian continuamente dentro de un cuidado general por el todo.

Por debajo de esos acuerdos fundantes se traban otros acuerdos menores que llamo subcontratos. En ese nivel el forcejeo de los diversos actores de la sociedad es más activo buscando cada uno quedar en mejor posición dentro del marco del contrato general. Cada una de las partes saca cuentas y ajusta su comportamiento a lo que le den esas cuentas. Hay unos que toman una acción decidida y activa mientras otros aflojan el cuerpo, resignan lo que consideran accesorio o pasajero pensando que así resguardan lo principal o lo duradero.

Hace unos días la Federación Rural tuvo su congreso y en él su presidente, el Sr. Riani, le cantó las cuarenta al gobierno. Desde mi punto de vista no le dijeron ni la mitad de lo que hay para decir pero, por contraste con pasadas mansedumbres lo de Riani pareció atronador. Los subcontratos sociales, los cálculos de pérdida-ganancia comprendidos en el dilema protestar o consentir, enfrentarse o acomodarse, tuvieron en esa instancia un rumbo diferente, el rumbo que se resume en una sola palabra: ¡basta!

Por otro lado, no hace mucho, otras gremiales sacaron sus cuentas y eligieron otra postura. Las gremiales de la industria y el comercio fueron de viaje con el presidente Vázquez a Finlandia. Hace dos años que los empresarios amagan con presentar a la OIT su queja por las ocupaciones de los lugares de trabajo. Estaba todo pronto, pero… Han entregado el terreno en la disputa por ese subcontrato. Optaron por seguir perdiendo con la escuálida esperanza de no perder todo. No quieren dejar mal a un gobierno del cual esperan recibir cosas que ellos no se animan a conseguir.

La decadencia anímica (que también es moral, económica, cultural y etc. etc.) de este país, que hoy es claramente un país de segunda, viene, en parte de ahí, de lo que podría llamarse apostar a ganar perdiendo, a que se estime como más conveniente (más barato) perder que ganar.

Llevando la reflexión a otro campo más popular y conocido, ese mismo cálculo ha envenenado al fútbol. Los dirigentes creyeron que mejoraban el espectáculo y su negocio si no se oponían a las barras bravas, si consentían y aún fomentaban de callado sus actividades y sus actitudes. Sacaron mal las cuentas, hicieron un mal trato en los subcontratos y de allí derivó una decadencia del espectáculo que ahora no saben cómo controlar. Para peor, siendo ese deporte tan popular, el ácido que permitieron se vuelca a la sociedad y corroe todo.

El Uruguay de hoy es un país decadente, caído de su antigua altivez viril por la sustitución de cálculos que esperan ganancias de la entrega y no de la lucha. Tembloroso error: entregar lo poco con la pusilánime esperanza de así salvar lo grande, pero de tantos pocos entregados para preservar lo mucho, el mucho que quieren preservar es cada vez más chico.

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