Juan Martín Posadas
Juan Martín Posadas

El campo

Quizás sea una pregunta demasiado grande para el espacio de una columna semanal. Quizás no. Vale la pena probar. ¿Qué ha sido el campo para el Frente Amplio?

Quizás sea una pregunta demasiado grande para el espacio de una columna semanal. Quizás no. Vale la pena probar. ¿Qué ha sido el campo para el Frente Amplio?

El auge electoral del Frente -descomunal auge con mayorías absolutas repetidas- coincide con un auge económico también descomunal y sin antecedentes de la economía agropecuaria, o sea del campo. Coinciden en el tiempo pero ninguno es causa del otro. El campo era, para el Frente Amplio, un escenario lejano y motivo de desconfianza (viejos recelos de tonalidades marxistas y herencia batllista). En cierto momento al campo le cayó bien el pintoresquismo de Mujica que, un día, copó el estrado frentista. Se aproximaron bastante, el Frente Amplio agradeció esos votos pero no vio allí un camino o modelo de progreso para todo el país.

El Frente Amplio permanente (Mujica es/fue un epifenómeno transitorio) vio al campo enriquecido como una fuente de recursos para su tradicional empeño distributivo. Así lo veía (aunque con mayor hostilidad y desagrado) Cristina Kirchner en Argentina: un lugar pituco de donde se podía extraer mucho.

Una mirada histórica nos dice que la transferencia de la renta agropecuaria hacia la capital es el fundamento tanto del Uruguay batllista como del Buenos Aires de Alvear. De la fertilidad autoproducida (la renta fisiocrática, la plusvalía a cargo de los toros y los carneros) nació el Buenos Aires de Palermo y la Avenida Callao y el Montevideo del Solís y el Palacio Legislativo: un estado de bienestar, una ciudadanía ufana y gastadora -según Rilla- ayunos de toda idea de costo, de inversión y de sacrificio. Y el campo entregando y resistiendo, operando en una lógica económica que lo empujaba a ser avaro y conservador porque era mejor negocio comprar una cuadra más de campo que mejorar lo que se tenía.

El Frente Amplio no tiene simpatía por el campo; desde chiquitos les dijeron que había dos cucos, el banquero y el estanciero y de grandes se emocionaron demasiado cada vez que oían a Viglietti en “a desalambrar”. Cuando las circunstancias internacionales le dieron al patrón-empresario rural (dos términos que producen asco en el Frente Amplio) espaldas como para acometer una transformación del mundo rural, el Frente no vio allí ninguna base de progreso para todo el país. En el año 2103 el 80% del PBI salió del agro. El campo -que en pocos años se transformó hasta en el paisaje- siguió recibiendo del oficialismo “amor electoral” pero abandono y desatención. Ni una obra pública, ni una carretera, ni una ley de promoción, ni siquiera reconocimiento del valor social de un interior donde la gente se quedara allí con gusto (es decir, una visión política de un país integrado económica, social y poblacionalmente).

Ahora que se viene el ajuste fiscal Sendic-Martínez los ojos del Frente Amplio, apretado económicamente en el gobierno por los errores de sus prohombres, se dirigen con codicia buscando salvación en la renta agropecuaria. Ella ya no existe, pero en los manuales de la izquierda dice que allí es donde hay que ir a sacar. Lo que podía haber sido una base de desarrollo para sustentar un cambio para el país volvió a ser tomado como la alcancía de Montevideo y del gobierno para tapar los agujeros de Pluna, Ancap, Fondes, 60.000 nuevos empleos públicos y un avión presidencial.

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