Juan Martín Posadas
Juan Martín Posadas

Almagro

Pensaba escribir sobre otra cosa. Sin embargo, la sorpresa (aún en este Uruguay post Mujica, tan curado de espanto, uno se sorprende) me conduce hacia el tema que sigue a continuación. El lector se preguntará a estas alturas por el significado del título a esta nota. Aunque no lo crea es de Carlos Gardel. Él escribió la letra que, con singular emoción, evoca: “Almagro, gloria de los guapos”…

Pensaba escribir sobre otra cosa. Sin embargo, la sorpresa (aún en este Uruguay post Mujica, tan curado de espanto, uno se sorprende) me conduce hacia el tema que sigue a continuación. El lector se preguntará a estas alturas por el significado del título a esta nota. Aunque no lo crea es de Carlos Gardel. Él escribió la letra que, con singular emoción, evoca: “Almagro, gloria de los guapos”…

Nuestro ex canciller, ahora secretario general de la Organización de Estados Americanos, nos acaba de dejar atónitos con una contundente carta de quince carillas dirigida a la compañera bolivariana Tibisa (¡sic!) Lucena, quien tiene a su cargo la (imposible) tarea de presidir el Consejo Nacional Electoral venezolano.

No comento el contenido textual de la mencionada misiva porque presumo que a usted, sacrificado lector, ya le ha llegado por otros medios, pero si tuviera que sintetizarlo le diría que contiene, más o menos, todo lo que nadie nunca imaginaba que Almagro fuese a decir. Quienes menos lo imaginaban eran, sin lugar a dudas, los frenteamplistas. Si nos atenemos a sus reacciones, no han podido articular aún comentario alguno dado que todavía no han podido cerrar la boca.

Lo que el Frente Amplio en cuanto organismo político no ha podido ni podrá hacer es lo que hizo Almagro: aceptar -aunque fuese con tristeza y dolor- que la Venezuela de Chávez y Maduro no es una democracia, que allí no hay libertad ni respeto por la ley, que el gobierno viola los derechos humanos de los venezolanos y que las elecciones que se van a celebrar dentro de pocos días no ofrecen garantías. Es decir, aceptar una realidad que contravenga sus utopías.

El Frente Amplio, hoy en día perplejo (por Almagro, claro, pero y por Ancap, Pluna, ASSE, el plan de viviendas del Pit-Cnt y demás) tiene “engrotada” (expresión bayana de la frontera) en su entraña una izquierda albanesa.

Esa izquierda, cuadriculada y dogmática, tiene como dogma principal el de la inmaculada concepción del Frente y de todos los frentistas: allí no hubo, ni hay, ni podrá haber pecado alguno. Por tanto, todos los Chávez, Maduros, Castros, Kirchners, Mujicas y Joselos López son honestos, democráticos y buenos por definición. Nada de eso puede ser discutido o puesto en duda; allí no hay lugar para la autocrítica, actitud que resulta genéticamente imposible a la izquierda albanesa (prendida en la entraña del Frente Amplio desde donde lo intimida y lo dirige). Por eso parece tan excepcional y tan asombrosa la carta de Luis Almagro. Por eso han quedado sin palabra los legisladores y votantes del frente Amplio que, sin pertenecer a ella (a la izquierda albanesa), están electoralmente presos de ella.

Y otra vez con el Mago evoco: “Almagro mío, todo ha pasado / quedan cenizas de lo que fue… Qué triste es recordar / me duele el corazón / Almagro mío / qué enfermo estoy”…

Ya más sereno y mirando las cosas desde afuera y en el largo plazo, uno aspira a que la izquierda sensata (inquilina resignada y sumisa de un Frente Amplio que ya no es lo que se pensó) pueda sobreponerse a la facción albanesa, hacer consecuentemente una indispensable autocrítica del daño infligido al país en estos años, y prepararse juiciosamente a la perspectiva de que este tercer gobierno del Frente Amplio será, por ahora, el último.

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