Juan Martín Posadas
Juan Martín Posadas

Tal cual es

Cuando hablamos de la realidad tal cual es suponemos que no hay engaño ni artilugio alguno: la cosa es así. Pero en las formaciones sociales es diferente. Allí las cosas no son tal cual son sino tal como son contadas.

Cuando hablamos de la realidad tal cual es suponemos que no hay engaño ni artilugio alguno: la cosa es así. Pero en las formaciones sociales es diferente. Allí las cosas no son tal cual son sino tal como son contadas.

Según los exegetas del Antiguo Testamento Jahvé domina sobre todas las cosas porque a todas las cosas les fue poniendo nombre durante los siete días de la creación. Como mucha gente cree que la Biblia es un librito de cuentos acerquémonos un montón de siglos más acá y vamos a encontrarnos con la sociología moderna que sostiene que el que consigue poner en palabras, es decir, darle nombre a los acontecimientos y fenómenos sociales es quien tiene dominio en esa sociedad.

El imaginario social y el relato colectivo generado por él son, a la vez, resultado y causa de la sociedad. Los que se adueñan del relato y producen los términos con que se nombran los fenómenos y episodios sociales controlan esa sociedad. La realidad social nunca es tal cual es, siempre es tal cual aparece en el relato dominante: tiene los nombres que le puso quien, por los motivos que sea, tuvo poder para hacerlo. De ese modo se forma lo que algunos llaman lo obvio social, es decir, las cosas que ni se discuten. El hombre de campo es sano, el de ciudad más sinuoso, los médicos son abnegados y los abogados habilidosos, PLUNA garantiza la conectividad del Uruguay, los partidos tradicionales son conservadores y el Frente Amplio es progresista, la justicia es así y la política es asá, los tupas se alzaron en armas por la libertad y contra una dictadura militar, el futuro económico del país está en tal sentido, etc.
No me detengo en el error o verdad de estas afirmaciones sino en su condición de haber pasado a integrar lo obvio, lo que para el hombre de la calle no necesita demostración, lo que circula sin contratiempos en nuestra sociedad. La realidad en una sociedad no es tal cual es sino tal cual se cuenta.

Muchos tratan de sostener su propio relato pero solo unos pocos tienen la fuerza o el ingenio o lo que sea para imponerse y ser ellos quienes, en el sentido bíblico (y político) dan nombre a las cosas. Durante mucho tiempo quien puso nombre a las cosas en nuestro país fue el batllismo. Desde hace unos años lo hace el Frente Amplio.

Por eso me resulta difícil de entender la forma de encarar la actual campaña electoral de algunos candidatos. Veo un esmero publicitario, un cuidado de la imagen, una preocupación por mostrar conocimiento de los asuntos nacionales, un abanico de propuestas que cubra todos los problemas, pero no veo la decisión de pelear francamente contra el discurso hegemónico y desplazar a quienes actualmente han conseguido ponerle nombre a las cosas en el Uruguay.

La lucha política es antes que nada lucha por el discurso o entre discursos. No me refiero al discurso político en el acto partidario o en la esquina del barrio sino el combate por darle nombre la realidad nacional. Hay candidatos que se están preparando para ser candidatos, que aspiren a ser solo candidatos. En el mejor de los casos, eso es lo más que llegarán a ser (y a mí, como a muchos uruguayos, no nos entusiasma demasiado comprometernos con eso). Pero aquel candidato que haya comprendido la influencia determinante de los relatos mostrará que lo que quiere es cambiar el país, transformarlo. Interpretaremos entonces que nos convocan a una lucha política decisiva y responderemos con mayor brío y convicción.

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