Jorge Grünberg
Jorge Grünberg

La raíz del problema

La educación tiene un lugar muy visible en el discurso de todos los candidatos en este año electoral. Las propuestas incluyen, por ejemplo, aumentar el porcentaje del gasto educativo en relación al PBI, construir escuelas de tiempo completo y aumentar la cantidad de días de clase. Estas y otras propuestas anunciadas por los candidatos demuestran que hay un reconocimiento unánime de la necesidad de mejorar nuestro sistema educativo.

La educación tiene un lugar muy visible en el discurso de todos los candidatos en este año electoral. Las propuestas incluyen, por ejemplo, aumentar el porcentaje del gasto educativo en relación al PBI, construir escuelas de tiempo completo y aumentar la cantidad de días de clase. Estas y otras propuestas anunciadas por los candidatos demuestran que hay un reconocimiento unánime de la necesidad de mejorar nuestro sistema educativo.

Todas estas propuestas son ambiciosas y pueden brindar resultados positivos si se implementan adecuadamente, pero no permitirán por sí solas una mejora suficiente y sostenible en la distribución de oportunidades educativas y en los resultados de aprendizaje. La razón es que si bien cada una de ellas es valiosa individualmente, no se dirigen a las raíces de nuestros problemas educativos sino a sus síntomas más visibles. La disfuncionalidad de nuestro sistema educativo preuniversitario tiene raíces históricas: una visión de país que no privilegia el conocimiento, la sub-inversión sistemática a lo largo de varias décadas y la concentración de la educación estatal en un único organismo centralizado.

Cambiar nuestro modelo productivo hacia una economía más dinámica y productora de bienes y servicios con mayor contenido de conocimiento no es polémico. Todos los partidos y sectores coinciden en la importancia de diversificar nuestra producción y aumentar la innovación, el emprendimiento y el contenido del conocimiento de nuestras exportaciones. La educación uruguaya no será transformable hasta que no se transforme la visión de nuestro país sobre sí mismo.

La sub-inversión en nuestro sistema educativo es un hecho histórico, constatado a lo largo de las últimas décadas y derivado fundamentalmente del problema anterior (a un país que exporta materias primas poco diferenciadas no le resulta imprescindible una sociedad altamente educada). Corregir esta sub-inversión depende de tener los recursos necesarios y esto es algo que nuestro país ha generado en gran cantidad en los últimos años.

En nuestro país la educación preuniversitaria estatal, que es la única a la que pueden acceder los ciudadanos de menores ingresos, es brindada por un único organismo. Muchos de los problemas de nuestra educación derivan de esa dependencia de un único organismo responsable de brindar un servicio trascendente y complejo a cientos de miles de personas todos los días, con decenas de miles de funcionarios y cientos de establecimientos en todo el país. Esos cientos de miles de alumnos tienen una enorme diversidad en su capacidad intelectual, intereses, aspiraciones de vida, apoyo familiar, lugar de residencia, origen sociocultural y otras variables.

Esta enorme escala y diversidad concentrada en un único organismo hacen muy compleja la gobernabilidad del sistema. El resultado es una excesiva rigidez, centralismo, poca adaptación a las necesidades de los usuarios, rendición de cuentas nula o inadecuada, escasa innovación y falta de opciones para los usuarios insatisfechos.

En nuestro sistema educativo el alumno debe adaptarse al sistema y el que no lo puede hacer no tiene otra opción que abandonar sus estudios. Nuestro objetivo debe ser que el sistema educativo se adapte al alumno y le ofrezca diferentes opciones educativas en función de sus intereses y necesidades en cada etapa.

Los países que han mejorado su sistema educativo en los últimos años han creado sistemas educativos diversificados que coexisten y se complementan, brindando mayor autonomía a las escuelas y liceos y permitiendo a los ciudadanos elegir con mayor flexibilidad la escuela o liceo al que desean concurrir y el programa que desean cursar.
El aporte más importante que puede hacer el sistema político a la mejora de la educación nacional es brindar mayores posibilidades a los ciudadanos de incidir en sus oportunidades educativas. Actualmente, un estudiante de un liceo estatal y su familia no tienen manera efectiva de reclamar cambios o mejoras. Tampoco tienen en su mayoría la capacidad económica de cambiar de barrio (en busca de otro liceo público de su preferencia) ni mucho menos de asistir a un liceo privado.

Una medida importante sería establecer la obligación de que las autoridades de los organismos educativos difundan sus objetivos, su plan estratégico para alcanzar esos objetivos y cómo piensan utilizar los recursos que reciben de la sociedad. Anualmente esas autoridades tendrían que realizar una rendición de cuentas detallada del funcionamiento del sistema y del cumplimiento de los objetivos que se han planteado. La rendición de cuentas debe ser inseparable de la autonomía. Estaríamos pasando de un paradigma de “derecho de saber” a uno de “obligación de informar”. De esta manera, los ciudadanos contarían con la información que necesitan para incidir efectivamente en la discusión educativa y reclamar por los resultados de aprendizaje que entienden necesarios para sus hijos con conocimiento de causa.

En conclusión, las iniciativas políticas para la mejora del sistema educativo deberían enfocarse en las causas profundas de su disfuncionamiento actual y en particular en brindar mayor capacidad a los ciudadanos de incidir en la calidad de su educación.

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