Joaquín Secco García
Joaquín Secco García

Viajar en el estribo

Es bien sabido que el crecimiento económico no conduce mecánicamente al desarrollo. Desde principios de los 90 y aprovechando el apreciable mejoramiento del contexto externo y después de mas de medio siglo de dificultades, iniciamos una etapa de crecimiento que permitió que desde entonces, nuestro PIB por habitante se haya multiplicado por 2.5 veces. Se creció moderadamente en los 90s aprovechando las oportunidades del MERCOSUR y aceleradamente desde 2003 aprovechando la apertura global y a pesar del MERCOSUR.

Es bien sabido que el crecimiento económico no conduce mecánicamente al desarrollo. Desde principios de los 90 y aprovechando el apreciable mejoramiento del contexto externo y después de mas de medio siglo de dificultades, iniciamos una etapa de crecimiento que permitió que desde entonces, nuestro PIB por habitante se haya multiplicado por 2.5 veces. Se creció moderadamente en los 90s aprovechando las oportunidades del MERCOSUR y aceleradamente desde 2003 aprovechando la apertura global y a pesar del MERCOSUR.

Todos los pronósticos indican que seguiremos creciendo en los próximos años. No es poca cosa. Es el resultado de una sociedad que maneja razonablemente sus conflictos, contando con dirigentes que han alineado sus propuestas con sensatez. Al menos en comparación con el barrio. Pero estos logros ya no alcanzan. Aprendimos a crecer, pero es apenas una condición necesaria para mejorar la sociedad. Desde todas las tiendas y en todas las áreas se reclaman avances de calidad. Reformas de otra generación. La coyuntura preelectoral es oportuna para la reflexión. Lástima el desaliento derivado del envejecimiento de las ideas y de los líderes.

La dotación de factores nos revela una gran abundancia y riqueza de recursos naturales, una dotación de fortalezas institucionales bien por encima del promedio de los países emergentes, lo cual ha permitido entre otros logros, disponer de un acceso privilegiado a recursos financieros.
Como principal piedra en el zapato, exhibimos una debilidad en la dotación de capital humano que manifiesta una brecha creciente con respecto a países ejemplares.

Seguimos arrastrando los efectos de una universidad que durante décadas formó funcionarios públicos de medio tiempo en carreras que se ejercen en la ciudad vieja. Los progresos experimentados no alcanzan la velocidad necesaria para recuperar el tiempo perdido. El déficit se registra en la formación de emprendedores, gerentes, científicos y en general en los aspectos vinculados a la innovación, la empresa, la organización y la construcción de factores de competitividad. En el viejo dilema del huevo o la gallina es difícil establecer si el sistema de incentivos es el responsable de estos resultados o son estos resultados los que construyen el sistema de incentivos que terminan modelando la identidad nacional.

Los grandes negocios de la última década que le han cambiado la cara al país y a su economía fueron llevados adelante por empresas y empresarios extranjeros. En el futuro próximo parecería que todo se acentuará con la minería de enclave, el puerto, el gas, el dragado, la infraestructura. Mientras, las prioridades se orientan a sostener la industria que solamente competiría por bajos salarios y a favorecer pymes cuya ventaja competitiva es igualmente la autoexploración laboral. Cuesta reconocer que una industria no competitiva o que seguir fundando pymes con réditos solamente ideológicos sean escollos para la competitividad sistémica. De la misma manera que el hígado enfermo obstaculiza los pensamientos.

Bienvenidos los empresarios extranjeros, pero recordar que entre los 20 mejores países —aún los más pequeños— han construido fuertes alianzas con empresas nacionales líderes globales en sus respectivos negocios. Mejor que una atmósfera que prefiere a grandes multinacionales y acecha a las empresas nacionales que intentan aflorar. La ecuación cierra rogando el amparo brasileño y ofreciéndose a viajar en su estribo.

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