Joaquín Secco García
Joaquín Secco García

Todavía falta la Rendición

Más allá de los gobernantes de turno, de sus orientaciones y de las resultantes que sus ideas imprimen a la marcha de la sociedad, existe una matriz más permanente que es relativamente autónoma e independiente de los gobernantes.

Más allá de los gobernantes de turno, de sus orientaciones y de las resultantes que sus ideas imprimen a la marcha de la sociedad, existe una matriz más permanente que es relativamente autónoma e independiente de los gobernantes.

Es un efecto parecido al que imprime el peronismo en la Argentina muchas décadas después de Perón y del cual participan quienes se dicen antiperonistas. Ni que decir de los países europeos que eligieron la democracia, el crecimiento, la equidad, los derechos, la educación y la cultura. Matrices de progreso que perduran y progresan a pesar de los gobiernos y la evolución de las ideas. Son las instituciones y el capital humano las claves silenciosas de las estrategias de largo plazo.

Los historiadores nos han mostrado cómo durante la primera mitad del S. XX manteníamos niveles de desarrollo similares a los que experimentaban los mejores países. Sin embargo, a partir del momento en que las condiciones externas parecían estar mejor que nunca y que adentro y afuera se nos pronosticaba un ascenso permanente de categoría, pusimos un cambio equivocado y desde entonces hemos andado a los tumbos. También ocurrió en los restantes países del continente, lo cual al menos nos sirve para seguir mostrando ventajas en la mayoría de los indicadores de bienestar y progreso. Pero nos irrita si alguien compara nuestros resultados con Bélgica, N. Zelanda o Galicia.

Desde principios del milenio, el mundo cambió significativamente. China y otros países atrasados pero disciplinados llenaron sus países de chimeneas a la vez que se transformaron en fuertes importadores de alimentos, de minerales y de energéticos y exportaron bienes industriales a todo el mundo. Un desarrollo desde adentro basado en estrategias correctas y a largo plazo. Por nuestra parte, nuevamente tuvimos oportunidades como en los años 50s pero todo hace pensar que volvimos a caer en la trampa equivocada. La diferencia entre sociedades mo-tivadas para el largo plazo respecto de otras prepara- das para aprovechar burbujas efímeras.

Después de varias décadas, volvimos a soñar con la prosperidad y más que nada, con líderes capaces de organizar un sistema permanente de generación de riqueza y empleo estable.

Las aspiraciones fracasaron una vez más. En realidad no había plan, en cambio sí cadenas por TV y radio, periplos transoceánicos y visitas a Juan Lacaze. Fracasaron los deseos, las esperanzas, las expectativas de volver a mejores épocas cuando era una oportunidad al alcance de la hora de ganar. Ya podríamos haber aprendido que haciendo lo mismo, derrochando desde el Estado no íbamos a encaminar el desarrollo. Debimos haber aprendido del pasado. La negligencia y la ineptitud son maneras de corrupción. No hace falta mencionar a Ancap, la Regasificadora o el Fondes... Cuando se hace necesario crear empresas y organizaciones liberamos de impuestos a empresas extranjeras y hacemos todo el trabajo para poner en marcha la inversión. Lo queremos de urgencia para compensar la caída de las exportaciones, algo que les da una ventaja mayúscula para negociar. Ponemos las cargas sobre empresas nacionales y el consumo cuando la coyuntura es pésima. Y todavía falta la Rendición de Cuentas.

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