Joaquín Secco García
Joaquín Secco García

Los sofismas de los gobernantes

Prolongando en el tiempo las estrategias que hemos estado adoptando en los últimos años seríamos incapaces de alcanzar una etapa de desarrollo permanente basado en las instituciones y el capital humano local.

Prolongando en el tiempo las estrategias que hemos estado adoptando en los últimos años seríamos incapaces de alcanzar una etapa de desarrollo permanente basado en las instituciones y el capital humano local.

Esto está dicho aun aceptando que el contexto internacional nos ha sido el más favorable del último medio siglo, pero que una vez debilitado el impulso inicial nos vuelven a amenazar los recuerdos del subdesarrollo. La ausencia de incentivos para mejorar las capacidades de la gente y de sus organizaciones deriva en los principales obstáculos para la competitividad. Un poco más allá, observamos los frenos para el valor agregado, la innovación, el acceso a mercados y la caída en las franjas de menor diferenciación y menor precio.

La vulnerabilidad se explica principalmente por los ciclos del comercio internacional y la pérdida de competitividad, aumento de costos y mejora de la balanza de pagos que acompaña el proceso de crecimiento económico, del empleo y los ingresos. Desde hace un par de años, nuestros principales precios de exportación han estado cayendo mientras simultáneamente aumentan los costos, los impuestos y cae el barómetro de los gobernantes. La soja, los cereales, los lácteos y la carne conforman la mayor proporción de las exportaciones pero, han bajado significativamente sus valores. La caída de los ingresos en los territorios donde se producen los cultivos y ganados ha provocado desajustes severos en las familias. La consecuencia no ha caído exclusivamente sobre los productores. Probablemente y en términos proporcionales las consecuencias hayan sido más dañinas para las familias que conforman las redes de servicios e insumos para la producción.

Se está dañando un incipiente proceso de integración local que demorará años en recomponerse o no lo hará nunca con los actuales costos de la energía, las contribuciones, los IRPF, la seguridad social y en términos generales, las consecuencias de las políticas de carácter populista que no duran muchos años.

Las debilidades de la construcción de capital humano -capacidades personales y capacidades de organización social y empresarial- perjudican especialmente la construcción de redes y cadenas productivas. Algunos gobernantes con sesgos populistas clamaban por la apropiación de las industrias arroceras o la fabricación de aceite de soja.

Si es complejo y de alto riesgo sembrar 500 has de soja, termina siendo un juego frente a lo que significa hacerse cargo de una organización que produce desde la chacra hacia el mundo. Se podría consultar a los jerarcas de Ancap lo que ALUR significó para ellos -y que hoy pagamos todos-, quienes habían pasado años en la universidad. Lo más empeñoso en los negocios es diseñar e implementar empresas de dimensión competitiva -generalmente empresas grandes- que ocupen trabajadores especializados, que obtengan el financiamiento, la diferenciación para competir, el acceso a mercados y que duren 700 años.

Por algo le pedimos a UPM que fabrique celulosa mientras nuestro Juan Lacaze se cae a pedazos.

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