Joaquín Secco García
Joaquín Secco García

El significado de Aratirí

Seguimos atados a paradigmas cuyas promesas se agotaron a medida que el contexto universal se fue modificando. No obstante, nuestros más conspicuos gobernantes se guían por las ideas y las soluciones elaboradas hace 50 años, cuando el socialismo, las revoluciones, la guerra fría o las dictaduras dominaban las ideas.

A veces es fidelidad al pasado y otras la necesidad de seguir ilusionando con lo que ya no existe. Las primeras ideas son las que ocupan casi todo el lugar, lo cual hace cada vez más necesario el rejuvenecimiento de la clase política. Especialmente en momentos en que el país está en condiciones de aprovechar las oportunidades excepcionales que se le ofrecen.

Afortunadamente no somos Venezuela, ni Cuba, ni Argentina, ni siquiera Brasil. Pero tampoco somos Canadá, ni Australia ni Finlandia. Aunque de manera un poco vergonzante, buena parte del partido de gobierno desearía emular con mayor fidelidad las peripecias de nuestros vecinos.

Como soñar con

Seguimos atados a paradigmas cuyas promesas se agotaron a medida que el contexto universal se fue modificando. No obstante, nuestros más conspicuos gobernantes se guían por las ideas y las soluciones elaboradas hace 50 años, cuando el socialismo, las revoluciones, la guerra fría o las dictaduras dominaban las ideas.

A veces es fidelidad al pasado y otras la necesidad de seguir ilusionando con lo que ya no existe. Las primeras ideas son las que ocupan casi todo el lugar, lo cual hace cada vez más necesario el rejuvenecimiento de la clase política. Especialmente en momentos en que el país está en condiciones de aprovechar las oportunidades excepcionales que se le ofrecen.

Afortunadamente no somos Venezuela, ni Cuba, ni Argentina, ni siquiera Brasil. Pero tampoco somos Canadá, ni Australia ni Finlandia. Aunque de manera un poco vergonzante, buena parte del partido de gobierno desearía emular con mayor fidelidad las peripecias de nuestros vecinos.

Como soñar con irse a la B.

Los países abiertos al mundo, han sido los más exitosos en las últimas décadas. Han dejado atrás la pobreza milenaria y sus proyectos han sido el tractor de la economía mundial durante la crisis. Nosotros, desde hace cuatro décadas empezamos a transitar el proceso de apertura. Las primeras oportunidades de aumentar y diversificar el comercio se ofrecieron desde la región, lo cual fue muy bueno y permitió dinamizar una economía con 20 años de enfermedad. Entre otras cosas, la apertura fue el germen del turismo, de la lechería y del arroz, actividades que hoy serían insustituibles. Sin embargo, también fue el Mercosur quien años más tarde nos metió en la bolsa del proteccionismo regional, de la sustitución de importaciones, del paradigma manufacturero y de los aranceles elevados.

Los vecinos más poblados tuvieron -al menos cíclicamente- oportunidades de crecimiento apoyados en su mercado interno, el cual nunca se abrió plenamente para nuestros productos. Por nuestra parte, debimos soportar el arancel externo común que beneficiaba a muy pocas de nuestras exportaciones y además nos hacía sujetos de aranceles elevados en otros destinos de nuestras ventas. Asimismo, la fuerte protección arancelaria regional, encarecía nuestros costos de producción y nos quitaba competitividad global. Es bien conocido el teorema que demuestra que un impuesto a la importación se comporta como un impuesto a la exportación. Por algún tiempo los beneficios del Mercosur superaron los inconvenientes, pero en la medida que la globalización nos fue abriendo oportunidades, nos está costando cada vez más competir en los mercados globales.

Si a lo anterior sumamos los monopolios públicos que explican la energía más cara del continente; el gasto público de baja productividad y magros resultados que crece permanentemente por encima del producto; el abandono de la inversión en infraestructura y en el fortalecimiento de las capacidades humanas, llegamos a entender el dibujo de la coyuntura actual. Un deterioro permanente de la competitividad y dificultades crecientes para diversificar la economía. En el horizonte solamente se nos aconseja Aratirí y por esa quimera el gobierno hará lo que sea. Es el instrumento que permitirá fogonear el gasto público, subsidiar las empresas quebradas, aumentar el asistencialismo y seguir sosteniendo una espiral de gasto que se agotaba. Cada día nos pareceremos más a los vecinos y menos a los países de primera.

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