Joaquín Secco García
Joaquín Secco García

La producción de alimentos

El mundo nos muestra que los países competitivos con altos niveles de productividad, los cuales hacen posibles elevados ingresos, niveles de equidad y de accesos a servicios, también presentan modelos de producción diversificados, innovadores con crecimiento continuo de la productividad y el ingreso.

El mundo nos muestra que los países competitivos con altos niveles de productividad, los cuales hacen posibles elevados ingresos, niveles de equidad y de accesos a servicios, también presentan modelos de producción diversificados, innovadores con crecimiento continuo de la productividad y el ingreso.

Repasando los sistemas encontramos que entre los países mejor calificados en los índices de desarrollo humano, entre los diez mejores están países como Austra- lia, Canadá, Estados Unidos o Nueva Zelanda -entre otros- que se distinguen por ser importantes exportado-res de alimentos, minera- les, petróleo y otras materias primas.

Ocurre que los elementos que explican la productividad, los ingresos, la equidad y el bienestar no se explican por el producto que se obtiene, sino por la educación, la cultura, la tecnología la creación científica y técni- ca y las capacidades para crear empresas y negocios competitivos, para organizar tratados y alianzas que superen las limitaciones que imponen las fronteras y los nacionalismos. Los fundamentos estratégicos de sus construcciones ponen el énfasis en las capacidades humanas y organizativas. Si estos medios funcionan bien, todo lo demás se da como consecuencia natural.

En realidad, para ninguno de esos países mencionados, su éxito depende de la soja, la leche o la carne. Lo que explica el éxito de la soja es la competitividad que le transfiere la ingeniería de la maquinaria agrícola, de la química para fabricar pesticidas, herbicidas o fertilizantes, la investigación para crear variedades más productivas y resistentes o para diseñar las mejores prácticas. Tampoco hay que inventar nada para definir la importancia de las universidades, el desarrollo de las organizaciones de productores, la eficacia de los asesores en tecnología, negocios o comercialización.

La importancia de la logística suele ser un excelente negocio de los gobiernos que hace posible los negocios de los privados. Todo fluye y todo confluye. Con todos los defectos de las construcciones humanas las mismas suelen tener también las capacidades para corregir lo que se hizo mal. En otras palabras, para explicar los resultados, más importante que los agricultores es el esfuerzo innovativo en las fábricas, universidades o ministerios de obras públicas que producen los insumos, el equipamiento y los servicios.

John Deere o Monsanto o Cargill crean más valor por trabajador que la soja y las innovaciones en la industrialización de la leche le han permitido a NZ instalarse a producir leche nada menos que en China y pronto con arancel cero. Nuestra izquierda, los sindicatos, la academia, el sustrato de la educación y de la creación de cultura han sido adversos al progreso de nuestras oportunidades que estaban más cerca de ninguna otra cosa que de la producción de alimentos. Eso se refleja en las políticas y en los gobiernos.

El déficit fiscal que hoy resulta un problema mayúsculo de la macroeconomía es el resultado de pagar más por lo que es menos competitivo y menos eficiente. De pagar más por lo que hace el estado en contra de lo que es más competitivo. Hoy creamos un llamado sistema de competitividad y para el empeño, empezamos por montar una burocracia de novela.

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