Joaquín Secco García
Joaquín Secco García

Es una manera de gobernar

Las consecuencias de las políticas públicas del pasado reciente, especialmente las que guiaron la gestión del Gobierno precedente, han significado una gran frustración. Especialmente por el fracaso en el logro de metas de desarrollo sostenible durante uno de los períodos de mayor generación de riqueza y de mayores posibilidades para reducir las vulnerabilidades sociales.

Las consecuencias de las políticas públicas del pasado reciente, especialmente las que guiaron la gestión del Gobierno precedente, han significado una gran frustración. Especialmente por el fracaso en el logro de metas de desarrollo sostenible durante uno de los períodos de mayor generación de riqueza y de mayores posibilidades para reducir las vulnerabilidades sociales.

Las ciencias sociales coinciden en aceptar que la calidad de las instituciones es la explicación principal del éxito de las naciones. Las instituciones, son entendidas como las reglas de juego que regulan el comportamiento de una sociedad. Muchas de estas reglas son jurídicas y dictadas por el Estado. Otras son privadas y combinan reglas escritas -especialmente contratos- pero también existen reglas no escritas que establecen la esencia de los hábitos de confianza y convivencia. Las instituciones de calidad favorecen el desarrollo de las capacidades individuales y suman los esfuerzos individuales en la construcción de organizaciones, empresas que multiplican la capacidad para alcanzar resultados. Se opera a través de incentivos, coordinación, controles, mediciones, programación, rendición de cuentas. Siempre es posible mejorar la gestión en beneficio de la inversión, el empleo, el consumo, las exportaciones, el ingreso, la convivencia. Las innovaciones en estas disciplinas son inagotables.

Observando los índices de desarrollo humano de Naciones Unidas, se percibe que los países más prósperos son al mismo tiempo los que registran menores diferencias sociales, los que gozan de mayores derechos, alcanzan mejores indicadores de educación y en general el mayor bienestar. En síntesis los que mejor gestionan el logro de los objetivos del desarrollo. La calidad institucional permite el alcance simultáneo de las principales metas: la economía, el empleo, los ingresos, la educación, la limpieza o el medio ambiente. Lo opuesto sucede en los países con instituciones débiles.

El episodio de Ancap -con mayor o menor virulencia- es una manera de ejercer la gobernanza de lo público en un país con instituciones frágiles, que además se han ido debilitando en los últimos años donde ha crecido la riqueza captada por el Estado. El debilitamiento de las normas es una arma de buena parte de la izquierda hacia reglas que -se sostiene- consolidan el statu quo liberal. El resultado es la progresiva manifestación de episodios como Ancap, pero no solamente. Si no mejoran nuestras instituciones será muy difícil sacar provecho a las oportunidades que para el país siguen siendo muy positivas. La gestión en todos los ámbitos del Estado es pésima aunque lo de Ancap bate el récord. Intendencias, ministerios, empresas públicas muestran una maraña de incompetencia, negligencia, corrupción -aunque sea para llevarse las biromes o viajar en primera- cuya suma deriva en la ineficiencia, costos desmedidos y multiplicadores burocráticos.

Las declaraciones del ex- presidente acerca de cómo y por qué se operaba de esa manera son de antología. Después de una década de dilapidar a mano abierta Venezuela con Chávez, Argentina con CFK, Brasil con Lula o Uruguay con Mujica, son los países que han derivado hacia los peores resultados de la década en la región. Son también los que persiguen modelos socialistas gastados, que solamente han incorporado palabras vacías.

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