Joaquín Secco García
Joaquín Secco García

Macroeconomía y productividad

Yendo como venimos, nos estamos alejando del desarrollo. Difícilmente podremos ir más allá de crecimientos marginales del ingreso, pero no se arreglará la pobreza estructural ni mejorará la educación ni la seguridad ni las reglas de convivencia.

Yendo como venimos, nos estamos alejando del desarrollo. Difícilmente podremos ir más allá de crecimientos marginales del ingreso, pero no se arreglará la pobreza estructural ni mejorará la educación ni la seguridad ni las reglas de convivencia.

Después de una década de oportunidades, nos encontramos estructuralmente como antes. Quizá con más celulares, motos y autos pero también más vacíos de capacidades. Y volveremos a ver el desfile de cuidacoches, clientes para el semáforo y delincuencia. Y ni que hablar de la guerra contra el narcotráfico, que de a poco va salpicando a toda la sociedad, juntando a las barras bravas y las orillas de trabajadores que en otras épocas acudían al llamado de las sirenas de las fábricas.

Una democracia militante pero con escasa elaboración estratégica, cae rápidamente en el populismo. Muchos, ingenuamente pensábamos, que la historia de los sobrios y austeros militantes del FA y de la CNT, tendrían los antídotos necesarios contra el populismo y la corrupción. Vendrían con mayor elaboración estratégica para oponerse a las amenazas del subdesarrollo. El gobierno del 2010 ya había demostrado la debilidad de sus concepciones, las cuales se hicieron menos aparentes porque todavía había mucha riqueza para enmascarar los caminos viciosos. No solamente se debilitaron los controles, sino que explícitamente se incentivó el saqueo de las empresas públicas, con Ancap a la cabeza. Desde 2014, empezaron a mermar los superprecios de las materias primas que nos habían favorecido tanto. Tan de sorpresa, que el nuevo gobierno recién está empezando a considerar el cambio de rumbo y los antídotos.

La prosperidad a largo plazo depende de la continuidad de políticas macro, especialmente de la estabilidad monetaria y el equilibrio fiscal. Ambas, variables no pueden descontrolarse en los períodos de superávit de pagos con el exterior porque ocurre lo que sucedió en nuestro país y en todo el continente latinoamericano. Cuando cambian los vientos de la relación externa, a la vez que se deterioran los controles locales se incurre rápidamente en inflación + déficit. En estas condiciones, la manera a la cual se recurre para bajar la inflación es bajando el valor real de las divisas (atraso cambiario) y la manera de bajar el déficit, es subiendo impuestos y tarifas. Si al mismo tiempo se suben los salarios, la consecuencia es complicada y pasarán años antes de volver a un crecimiento que en una década permita eliminar la pobreza, mejorar la educación y la convivencia ciudadana.

El crecimiento es una consecuencia de un amplio conjunto de factores que están en la esfera de los conceptos de productividad, competitividad, rentabilidad, innovación, tecnología, empresa, instituciones y otros que los califican. Cuando para transitar un mal momento se incurre en déficit e inflación, el paso siguiente es una pérdida de productividad porque los instrumentos para compensar el atraso cambiario, el aumento de salarios, de impuestos y tarifas, el mayor endeudamiento y la eventual mayor tasa de interés, se reduce la competitividad cae la producción, aumenta el desempleo y de alguna manera, miles de trabajadores aunque figuren como empleados, verán reducidos sus ingresos. Por eso, las consecuencias del populismo y el derroche no pueden corregirse con costos que perjudican la competitividad como se hace en AL.

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