Joaquín Secco García
Joaquín Secco García

La gestión y la política

Durante varios años, pero especialmente durante el gobierno 2010/15, la recaudación fiscal y consecuentemente las disponibilidades del sector público incluyendo las intendencias y la seguridad social, crecieron más aceleradamente que el PBI.

Durante varios años, pero especialmente durante el gobierno 2010/15, la recaudación fiscal y consecuentemente las disponibilidades del sector público incluyendo las intendencias y la seguridad social, crecieron más aceleradamente que el PBI.

Actualmente la relación es inversa. Los principales impuestos y los aportes a la seguridad social están vinculados al consumo, los salarios y a las rentas derivadas de beneficios, todas magnitudes que crecieron más que el PIB y ya no lo harán. Además se aumentó el déficit y se debe afrontar un endeudamiento amenazante.

Con excepciones, los organismos públicos -empresas, ministerios, entes, intendencias- no tienen bien definida su misión, sus objetivos, sus sistemas de planificación y control, sus incentivos y castigos. No se programan resultados ni tampoco se miden logros. Una empresa petrolera que produce perfume es una señal de desorientación mayúscula. Chanel no produce gasoil. Es cierto que esta manera de administrar lo público no se inventó en estos años y que la distancia que nos separa de lo mejor no debe surgir de compararnos con el pasado, sino con las mejores prácticas en el mundo nacidas del avance de la ciencia y la tecnología. En algún efímero momento se habló de la madre de todas las reformas, pero desde 2010 se cortó de raíz todo intento.

Se han fortalecido doctrinas que sostienen que no se debe confundir la política con la gestión. Los principios de la gestión se identifican con la eficiencia, la cual se mide a través del mercado, lo que lleva a poner al mercado como parámetro de referencia. El mercado y la gestión se consideran valores esenciales del neoliberalismo. La izquierda autoproclamada revolucionaria identifica a la izquierda progresista como un ala impregnada de neoliberalismo. La revolución del siglo XXI ha sido un gran fracaso tanto en el logro de resultados de gestión como en materia de valores de bienestar y convivencia. La corrupción, el dominio de las corporaciones y la consolidación de las diferencias sociales están entre los principales. Basta observar el proceso de Venezuela, Brasil o Argentina. Pero también el tremendo deterioro de los resultados de la gestión de lo público en nuestro país. Después de la mejor década en un siglo, se pondrá un freno al crecimiento del producto, del empleo y de los salarios por varios años por delante.

Lo peor es que la misma lógica sigue predominando a pesar de que la conducción está en manos del ala más sensata del gobierno. Quedan las cuentas por pagar del despilfarro pasado y, además, se sigue condicionando al gobierno torciéndole el brazo todas las semanas.

Los supuestos del comportamiento de la economía que se emplearon como base para elaborar el Presupuesto 2016/17 son impagables con el comportamiento actual de la economía. Será necesario transformar las tarifas en impuestos, aumentar el desempleo, reducir los salarios y las exportaciones. Si no se modifica la lógica del gobierno habrá que esperar un aluvión de medidas anticompetitivas. Atraso cambiario, suba de impuestos, mercados externos deteriorados. Este gobierno prometió en los primeros días profundizar los esfuerzos para elevar la competitividad. Todos los pasos han jugado en contra. Los mayores perjudicados serán -como siempre- los más pobres y los menos protegidos.

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