Joaquín Secco García
Joaquín Secco García

El dilema ganadero

Hasta hace sólo tres décadas, la mayoría de las exportaciones se componían por carne, lana y cueros. Eran los años duros de los 60s y 70s. Progresivamente se diversificaron las exportaciones, primero al Mercosur y ya en este siglo a todo el mundo.

Hasta hace sólo tres décadas, la mayoría de las exportaciones se componían por carne, lana y cueros. Eran los años duros de los 60s y 70s. Progresivamente se diversificaron las exportaciones, primero al Mercosur y ya en este siglo a todo el mundo.

La leche, el arroz, los eucaliptos, la cebada, la soja y el trigo promovieron la mas notable explosión de iniciativas de negocios competitivos que tuvo el país en un siglo. A ello se sumó el turismo, la logística y en menor escala las actividades intensivas en conocimientos. Por su parte, la industria no agropecuaria no ha podido despegar y quedó atrapada en los mezquinos mercados regionales.

La diversificación le significó a la ganadería una competencia por las mejores tierras, pero muy especialmente por los mejores recursos humanos; los mas calificados y emprendedores. En la competencia perdió la ganadería. El éxito de la soja y los eucaliptos, elevó los costos ganaderos al aumentar los precios de la tierra y los recursos humanos. Desde hace ocho año la ganadería -con oscilaciones- dejó de crecer, aunque como los precios han subido se elevó la riqueza generada. No hay una estrategia sistemática, generalizada y sostenible -como hay en otros rubros- para elevar la productividad, aunque muchos empresarios han adoptado innovaciones importantes. Asimismo, se ha mejorado el acceso a mercados.

El dilema está en el largo plazo. Los precios actuales son satisfactorios pero no han sido suficientes para alentar aumentos sostenibles de la productividad. Tampoco se puede asegurar que los valores se mantendrán permanentemente. Los precios de productos primarios son muy volátiles. Si hoy están altos, se podría asegurar que en algún momento alguien dejará de comprar, otro producirá mas o habrá sustitutos o nuevas tecnologías y mayor eficiencia que alentará rebajas.

En estos días, como preámbulo de cambios globales, asistimos al alza del dólar, la caída del petróleo, de los granos y de la leche, las dificultades de Rusia, la debilidad de nuestros vecinos y de la economía mundial. Por nuestro lado mantenemos una carga ganadera alta, las praderas están muy caras y los granos no bajan como en el resto del mundo. Nuestros costos suben pero no bajan cuando se descomprimen los mercados. ANCAP posterga ajustes y la economía está indexada hacia el pasado. El costo país es abrumador. En la competencia regional, si bien tenemos ventajas, estas no durarán toda la vida. El 2015 seguirá siendo positivo aunque ya con cierta fatiga.

La ganadería sigue siendo la actividad mas importante del país, por su valor agregado, por el abastecimiento a la industria, por el empleo directo e indirecto, por el número de empresas, por su contribución a las exportaciones y al consumo y por la larga historia que se remonta a las primeras épocas coloniales. Desde entonces, ha sido un pilar de la actividad económica y de la cultura y tradiciones nacionales.

Las amenazas sobre la cadena cárnica, son un reflejo de la escasa prioridad de las políticas para crear un marco de competitividad estimulante para el conjunto de la economía. Es mas conveniente alentar la competitividad y promover mas y mejores empleos que elevar las cargas fiscales y los salarios por encima de la productividad para “distribuir”.

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