Joaquín Secco García
Joaquín Secco García

Dejando pasar oportunidades

Venimos de un largo período de cambios muy significativos en la economía mundial. Las últimas noticias no permiten ver una moderación de las turbulencias que nos siguen acechando.

Venimos de un largo período de cambios muy significativos en la economía mundial. Las últimas noticias no permiten ver una moderación de las turbulencias que nos siguen acechando.

Los países más poblados del planeta -con China e India a la cabeza- emprendieron un largo camino de modernización e innovación, proveedores de alimentos y materias primas al Asia que mantenía una demanda creciente. Por su parte, Europa, Norteamérica y Japón mantuvieron sus competencias como proveedores, lo cual hizo posible el crecimiento económico, el mejoramiento del bienestar social y la incorporación de estos países a los procesos de intercambio y diversificación del comercio.

Al contrario de lo que había sido un estilo, fueron los países que habían alcanzado los mayores logros económicos y sociales los que manifestaron las mayores dificultades para mantener sus tasas de crecimiento y distribución, especialmente a partir del 2008.

Esquematizando, China, India y sus aliados progresaron notablemente como proveedores de manufacturas; América del Sur y África como de innovaciones y de servicios. En ese reparto quedaron varios espacios en blanco. Países y regiones que no encontraron salidas de crecimiento y en la actualidad generan los principales problemas de exclusión, empobrecimiento, migraciones y violencia.

Durante casi medio siglo nuestro país estuvo virtualmente estancado. Recién desde fines de los 80 con los acuerdos del Mercosur y unos años después con la globalización y el debilitamiento de las barreras comerciales, se abrieron nuestros mercados. Muchos pensamos que llegaría el momento en que nuestros políticos y nuestros empresarios empezarían a emular a países que tenían nuestra experiencia y conocimientos, pero que, además, habían adquirido destrezas empresariales y comerciales al estilo de Nueva Zelanda, Australia o Canadá por ejemplo. Pero lamentablemente no fue así y dejamos pasar el tren. Recién en la actualidad cuando ya llevamos una década de haber sido advertidos por la realidad, hay un canciller que habla de aperturas y de comercio. Pero el gran cuarto de hora para expandir los tratados de comercio, parece haberse debilitado.

Los precios de nuestras exportaciones han bajado con respecto a aquellos que predominaron hasta 2014. Además nuestro gobierno -como suele ser habitual porque el dinero se termina cuando bajan los precios de lo que vendemos-, se programó más objetivos y más repartos, con lo que cayó primero en déficit e inflación y, después, en más déficit y atraso cambiario hasta caer estrepitosamente en el teorema de la frazada corta.

Como para los gobernantes siempre tiene más importancia el gasto público y los salarios de quienes son más numerosos y bullangueros, sus compromisos crecieron proporcionalmente más que los costos de producción. Creció más rápido el salario de los empleados públicos, los gastos de las empresas públicas y otros que se mueven en esas órbitas. A la larga todo conduce a conflictos que no conforman a nadie. Regularizar las rendiciones de cuentas, los presupuestos, el endeudamiento y… llevará años durante los cuales habrá que seguir ajustando y dejando pasar oportunidades.

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