Joaquín Secco García
Joaquín Secco García

Competitividad y equidad

Durante los años más dispendiosos -2010 a 2014- asistimos a un reiterado discurso oficial anunciando puertos, dragados, minería, regasificadoras, ferrocarriles, carreteras, mercados, estribo de Brasil y buenos consejos. Hemos dejado pasar las mejores oportunidades en más de medio siglo.

Durante los años más dispendiosos -2010 a 2014- asistimos a un reiterado discurso oficial anunciando puertos, dragados, minería, regasificadoras, ferrocarriles, carreteras, mercados, estribo de Brasil y buenos consejos. Hemos dejado pasar las mejores oportunidades en más de medio siglo.

Cada hectárea de ganadería que se sustituyó por una hectárea de granos, multiplicó por 5 o por 6 el valor de la producción. Ese aumento se alcanzó en 1.5 millones de hectáreas a través del agregado de insumos provistos por las respectivas cadenas de fertilizantes, semillas, laboreos, fletes, lo cual dio lugar a un histórico proceso de creación de empresas y empleos que abastecían a la agricultura. El aumento de los precios internacionales de los alimentos, motivó una elevación de las inversiones que promovió un cambio en la matriz productiva que explica, en gran medida, el notable crecimiento experimentado. En estos momentos, recorremos el camino inverso.

Disminuyeron los precios, se reducen las inversiones, caerá la producción en las ramas que más contribuyeron al despegue económico reciente y se resentirá fuertemente la cadena de abastecimientos que se fue formando. En campaña, hasta los peluqueros sienten la retracción. Si hubiéramos tenido menor “costo país”, mejores puertos, ferrocarriles, carreteras, tarifas competitivas y mercados abiertos, los daños hubieran sido menores y mayor la probabilidad de sostener el empleo y los ingresos en una coyuntura adversa.

Durante varios años, el aumento de los precios de exportación, compensó la elevación de los costos internos causados por las políticas macroeconómicas aplicadas. La base exportadora dependió del aumento permanente de los precios de exportación, lo cual creaba vulnerabilidades crecientes porque los ciclos siempre llegan, especialmente para productos no diferenciados como los alimentos. Las políticas públicas aplicadas favorecieron remuneraciones por encima de la productividad para sectores que no competían en los mercados pero que elevaban los costos internos y perjudicaban la competitividad del conjunto de la economía.

Durante años se fue conformando un sistema de incentivos adverso a la competitividad y vulnerable ante el deterioro de los mercados externos. La competitividad fue contrayéndose y progresivamente complicando el acceso a mercados de la industria, el agro y los servicios. Competitividad y equidad social no son opciones, sino propósitos complementarios e inseparables.

Desde hace un año comenzó el deterioro, pero la inercia de las expectativas se niega a aceptarlo, creando una conflictividad subterránea que el nuevo gobierno con escasos grados de libertad, intenta neutralizar. El Estado incurrió en déficit cuando estaba a la vista el debilitamiento de la economía y hubiera sido conveniente la moderación. Entre otras cosas, se planea que las empresas públicas aporten a los ingresos del gobierno, lo cual anula expectativas de rebaja en las tarifas, especialmente las de energía, lo que más afecta la competitividad.

Los volúmenes de exportación no reflejan todavía la nueva realidad que irá manifestándose próximamente. La producción actual fue programada hace más de un año, y exportaremos lo que se está decidiendo ahora en un contexto adverso y con sequía. 

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