Joaquín Secco García
Joaquín Secco García

La biología

La discusión siempre presente vuelve sobre los dilemas entre el crecimiento económico, el progreso social y los caminos para la superación. Una estrategia complicada que nos sigue costando mucho, especialmente si el costo lo medimos por las oportunidades que dejamos de aprovechar plenamente. Se trata de mejorar los balances existentes entre crecimiento e igualdad o entre igualdad y bienestar o entre acceso y reparto o entre prosperidad y convivencia o entre logros e incentivos.

La discusión siempre presente vuelve sobre los dilemas entre el crecimiento económico, el progreso social y los caminos para la superación. Una estrategia complicada que nos sigue costando mucho, especialmente si el costo lo medimos por las oportunidades que dejamos de aprovechar plenamente. Se trata de mejorar los balances existentes entre crecimiento e igualdad o entre igualdad y bienestar o entre acceso y reparto o entre prosperidad y convivencia o entre logros e incentivos.

El progreso es el resultado de una combinación de factores casi infinita, con el agregado que tratándose de dimensiones sociales, las mediciones se hacen imprecisas y mantienen altas dosis de subjetividad. Cómo medir el bienestar o la calidad de la convivencia. Se trata de ciencias y experiencias inexactas en las cuales no existen correspondencias precisas entre las políticas y los resultados como ocurre en las ciencias exactas. No es posible experimentar con la sociedad aislando las influencias particulares de cada una de las múltiples causas. Los resultados de la observación se prestan a una diversidad de análisis que dependen mas del observador que del objeto en sí.

Persisten explicaciones que han venido perdiendo capacidad interpretativa a medida que se aceleran los cambios sociales de todo orden. El trabajo y el empleo ya no son la fórmula para ordenar y contener las conductas sociales. La familia ya no es la fuente de valores, mientras que la escuela no puede con todo. Los incentivos que se van creando descontroladamente no favorecen el bienestar ni la convivencia. Los gobernantes no se familiarizan con el sentido de los cambios y repasan recetas de otra época. El narcotráfico, la drogadicción y la familiaridad con el delito desbordan las formas de ordenamiento social. Vamos hacia la meta de un policía y un patrullero por familia. Si sumamos los guardias privados, ya hay cerca de cien mil policías. Las nuevas recetas no gozan de confianza ni exponen resultados que justifiquen la audacia para aplicarlas confiadamente. Se van debilitando las reglas de juego que ordenaban a la sociedad y las nuevas se crean llenas de lagunas y esfuerzos voluntaristas, mientras las soluciones asistencialistas siguen subyugando a los gobernantes.

Nuestros líderes probables formaron sus ideas hace 60 años. Fue durante la guerra fría, las revoluciones, las dictaduras, el autoritarismo, las democracias débiles, los liderazgos iluminados, el estado presente en todos los rincones. Sociedades regimentadas que gozaban de libertades y derechos minúsculos. Los alineamientos eran entre derechas e izquierdas, cada una armada de bombas de todo calibre y separadas por una inmensa tierra de nadie. Extrañamente, los grupos mas atados a las estrategias del pasado se auto denominan progresistas y radicales.

Así como con la edad se hace difícil aprender a dominar a la computadora, también es mas difícil cambiar los gérmenes de los cuales nacen las ideas que controlan nuestras actitudes. Es fácil decir buenos discursos que surgen de la epidermis, pero muy difícil cambiar conductas y comportamientos reflejos. Es difícil crear las condiciones para nuevos líderes y mas difícil que los nuevos se independicen de los que se van. Como prueba de confiabilidad se promete conferir las máximas responsabilidades a quienes hace ya diez años estaban en edad jubilatoria. Movimientos extremadamente conservadores en una coyuntura donde todo cambia.

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