Javier García
Javier García

Es la urna o el grito

La llamada ley penal empresarial es una mala ley, pero mucho peor es la forma en que se aprobó. Será inconstitucional si lo decide la Suprema Corte de Justicia, pero es claro que es antidemocrática, porque el origen es antidemocrático. Las manos que la aprobaron fueron de senadores democráticamente electos, sí, pero lo hicieron por miedo y no por convicción. Le levantaron la mano desde afuera del Palacio Legislativo, a la fuerza. Es fruto de la extorsión política.

La llamada ley penal empresarial es una mala ley, pero mucho peor es la forma en que se aprobó. Será inconstitucional si lo decide la Suprema Corte de Justicia, pero es claro que es antidemocrática, porque el origen es antidemocrático. Las manos que la aprobaron fueron de senadores democráticamente electos, sí, pero lo hicieron por miedo y no por convicción. Le levantaron la mano desde afuera del Palacio Legislativo, a la fuerza. Es fruto de la extorsión política.

La democracia es el gobierno de la soberanía popular, el gobierno de las corporaciones es fascismo. Y esta ley es hija del poder corporativo, neofascista. Un día ese poder es sindical, otro empresarial y mañana económico. La sacaron a prepo, a pura marcha y movilización del sindicato de la construcción. El gremio defendió sus intereses, con sus métodos, hace su juego.

Lo que no puede suceder es que quienes representan a la soberanía se asusten y anuncien días previos que la ley es mala e inconstitucional y después por la fuerza voten a favor. Lo hicieron porque el Partido Comunista que lidera el Pit-Cnt y el Sunca, “apretó “a los senadores oficialistas. Hay en el Frente Amplio un mecanismo por el cual el voto es ponderado, dónde la minoría más militante termina siendo más que las mayorías electorales.

A marcha camión, bocinazo y rodeando el Palacio le levantaron las manos al oficialismo. El grupo de Astori, con Nin incluido se asustó. El grupo de Mujica que quiere impulsar a Topolanski de vice de Vázquez votó la ley para que los comunistas la apoyen en su aspiración, uno por el otro.

El resultado es una mala ley que blancos, colorados y los grupos mayoritarios del FA rechazan (9 senadores a favor y 22 en contra). Una movilización puede más que 22 senadores que representan a un millón y medio de uruguayos. No es producto de la democracia sino del chantaje, no es una ley libre. Cada vez que ganan las corporaciones pierde la República. Es aceptar el gobierno de los fuertes, de los lobistas, de los que logran imponerse por la fuerza o por dinero.

Vázquez le dio aire a esta ley y manijeó al Sunca hablando con su ya reiterada demagogia de su abuelo obrero. También lo hizo auspiciado por ese complejo que le ganó de radicalizar su discurso para que Constanza Moreira no se le cuele por izquierda. Cuando le avisaron que la ley era muy mala ya era tarde. Con los años Vázquez perdió poder, le biología no es en vano. Vive preocupado por su contrincante interna, no porque pueda perder sino porque teme que su ego político sea lastimado por una senadora desconocida que le habla a los comités de base y desde allí con mate y charla en rueda lo arrincona ideológicamente.

En definitiva esta semana hay una razón más para preocuparse por el futuro y actuar para garantizar un gobierno republicano.

Dicen algunos que si gana el Partido Nacional será muy difícil lidiar con los sindicatos. Pero está claro que tampoco para el FA es fácil. La diferencia está en si se cede ante la presión y se gobierna asustado, o se ejerce autoridad republicana. No hay que andar a los gritos ni en concursos de valientes sino simplemente poner las cosas en su lugar. Hay que garantizar la mayor libertad sindical pero también, y antes, la libertad a secas. Nadie por poderoso que sea o por gritar fuerte debe poder más que la gente cuando elige libremente. Eso es democracia y lo otro fascismo.

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