Javier García
Javier García

Te olvidan Venezuela

El petróleo venezolano fue su riqueza y su perdición. Con él creció el país y también populismos corruptos, nada le fue ajeno. Venezuela la rica, es hoy la pobre Venezuela. Quién diría que en ese país construido sobre pozos de petróleo usar papel higiénico sería un lujo de difícil acceso. Pero es así. A la corrupción de su sistema político le siguió un militar golpista y fascistoide que mutó a algo llamado “socialismo del siglo XXI”. Compró a los gobiernos del vecindario que pudo, al nuestro incluido. Buscaba respaldos políticos e impunidad. Lo logró, porque aquí con petróleo y dinero logró hasta que un día citaran de madrugada a la Cámara de Representantes para tenderle la alfombra del Mercosur. Luego faltó sin aviso a la cita. Tan indigna resultó la compra.

El petróleo venezolano fue su riqueza y su perdición. Con él creció el país y también populismos corruptos, nada le fue ajeno. Venezuela la rica, es hoy la pobre Venezuela. Quién diría que en ese país construido sobre pozos de petróleo usar papel higiénico sería un lujo de difícil acceso. Pero es así. A la corrupción de su sistema político le siguió un militar golpista y fascistoide que mutó a algo llamado “socialismo del siglo XXI”. Compró a los gobiernos del vecindario que pudo, al nuestro incluido. Buscaba respaldos políticos e impunidad. Lo logró, porque aquí con petróleo y dinero logró hasta que un día citaran de madrugada a la Cámara de Representantes para tenderle la alfombra del Mercosur. Luego faltó sin aviso a la cita. Tan indigna resultó la compra.

Ahora preside Venezuela un presidente que es muy precario intelectualmente, cantinflesco, con el perdón de Cantinflas. Su fin político está a la vista, no sabemos cómo será, pero no tardará. El proceso que empezó aquel país tiene destino fijado.

Pero este no es un artículo sobre política internacional, sino nacional, de aquí. Nos preocupa el silencio cómplice de nuestro gobierno y la llamada izquierda a la que le basta que alguien se haga llamar socialista para justificar con ello cualquier atrocidad. Puede llamarse Castro, Ceacescu o Maduro. Lo que está pasando allí es de terror. Asesinatos políticos, paramilitares, persecución, cierre de medios, fuerzas armadas partidarias, represión brutal de estudiantes.

El doble discurso aquí es parte de la caída libre de valores. Maduro es un payaso que no puede dirigir nada, pero es a su vez un enorme peligro. Niega la libertad y persigue y cobija bandas paramilitares. Los estudiantes que lo enfrentan son los mismos que en Santiago de Chile manifiestan contra el gobierno chileno. Pero como Maduro juega de socialista para muchos de sus socios de aquí esos cientos de miles de estudiantes son agentes encubiertos de la CIA. Como Piñera no está en la órbita de la izquierda latinoamericana los que manifiestan contra él son expresión de una causa popular.

Hay una diferencia sutil que habla de un gobierno libre, que respeta a su pueblo. En Chile recientemente salió electa diputada por el Partido Comunista la líder estudiantil que encabezó todas las manifestaciones contra el gobierno chileno. En Venezuela el líder opositor está preso en una cárcel militar y ya hay varios estudiantes muertos en las calles.

¿Cómo no se entiende que la libertad tiene el mismo valor en cualquier parte del mundo? Cómo puede ser que haya dirigentes políticos en Uruguay que callen ante la patética figura de un gorila populista que ha hundido a su pueblo en la miseria, el desabastecimiento, la violencia política, reprimido a estudiantes y jóvenes que lo único que piden es paz.
Para Venezuela cabe el deseo que esta caricatura de democracia termine la violencia contra su pueblo y que nuestro gobierno no lo ampare por falsa ideología y por deudas contraídas. La historia de nuestra política internacional es respetar la autonomía de los pueblos y trabajar por la solución pacífica de los conflictos.
 
No debería el “poderoso caballero don dinero”, ni falsas ideologías hacernos olvidar que Venezuela fue muy solidaria con Uruguay en tiempos de dictadura. Es el mismo pueblo que ahora un dictador disfrazado de demócrata persigue, cuando piden la misma libertad.

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