Javier García
Javier García

En la sala de espera

Todas las conjeturas y movidas con respecto al vicepresidente han dejado de lado un ingrediente: el país. Es notorio que la oposición no fogoneó ninguna posición política por fuera de los ámbitos naturales como el Senado o la Justicia. No dio manija, hablando pronto y claro. Todos los operativos más o menos encubiertos, la mayoría con guantes para no dejar huellas, salieron de las entrañas del mismo FA.

Todas las conjeturas y movidas con respecto al vicepresidente han dejado de lado un ingrediente: el país. Es notorio que la oposición no fogoneó ninguna posición política por fuera de los ámbitos naturales como el Senado o la Justicia. No dio manija, hablando pronto y claro. Todos los operativos más o menos encubiertos, la mayoría con guantes para no dejar huellas, salieron de las entrañas del mismo FA.

Nos va a tocar en pocas horas analizar una licencia del presidente, para que asuma su vice. En lo personal votaré en contra. A vicepresidente se llega por decisión popular, pero para que un vice llegue a presidente, en estos casos, debe mediar una decisión del Senado. No es por decisión popular sino en segunda instancia, debe haber una votación expresa del cuerpo autorizando la salida del presidente para habilitar su ascenso. El 3 de octubre pasado ante situación similar advertí que solo votaba por razones institucionales, dije que era inoportuno e inconveniente que Sendic asumiera. Ahora por razones institucionales, confirmadas con el correr de los meses, no daré mi voto para hacerlo presidente. El Partido Nacional lo analizará en las próximas horas, pero mi antecedente en la materia me obliga a la coherencia y a defender algo que por estas horas parece importarle poco al oficialismo, que es la imagen del país y sus instituciones. Es simple: para ser presidente hay que tener ciertas atribuciones para el mando y la presidencia debe reunir respeto y el vice no está en condiciones de ser jefe del gobierno con lo que eso implica, ni prestigiar la institución. Sin estridencias, esta es la realidad. En estas horas, para los intereses nacionales es más importante cuidar el prestigio de nuestra República que un viaje a Naciones Unidas, que además no tiene nada de trascendente en esta oportunidad. Ya otras veces Vázquez optó por no ir.

Uruguay está funcionando con piloto automático, lo que impresiona mal porque falta mucho. La mitad del período que queda debe ser normal, no puede tener como centro la suerte política de una persona, en un debate que a esta altura es paralizante. Y mucho menos la falta del presidente de uno de los poderes del Estado. Hoy el Poder Legislativo, en los hechos, está acéfalo. Y eso es una debilidad institucional en la que se ha reparado poco. Si el FA no se hubiera aferrado a negar los acontecimientos y a defender por puro reflejo al vicepresidente, con la tontería del bullying y acusando a campañas de la “derecha” y los medios, no se hubiera entrado en este despeñadero. La vieja herramienta de ver cucos por todos lados, de no hacerse cargo de los problemas, termina como siempre: un día hay que hacerse responsable con intereses sumados.

El FA le hizo daño al funcionamiento normal de las instituciones. Al problema de “continente”, de infraestructura democrática, se agrega el de contenidos. El presidente Vázquez se enoja cuando Lacalle Pou dice que el gobierno está congelado, sin embargo está a la deriva, sin temas, sin liderazgo. Además de Sendic hay otras cosas de que ocuparse, de las que más importan. Vázquez está enojado con la oposición, pero su problema no está en supuestos palos en la rueda, porque la rueda del gobierno no se mueve. El problema es el motor, es él, que no quiere nada, está fundido. Solo, sin temas, sin vice y sin ganas, Vázquez mira al país desde la sala de espera.

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