Javier García
Javier García

Pateando pelotas

El oficialismo se quedó sin tema, se agotó, y eligió un camino muy particular: en vez de liderar, le hace oposición a la oposición. Mira qué hacen los demás y los critica. Muy poco para la responsabilidad que tiene.

El oficialismo se quedó sin tema, se agotó, y eligió un camino muy particular: en vez de liderar, le hace oposición a la oposición. Mira qué hacen los demás y los critica. Muy poco para la responsabilidad que tiene.

Hasta hace unos pocos meses la versión oficial era que no había oposición, y el Frente Amplio era tan inteligente que hacía las dos cosas a la vez: gobernar y oponerse. De repente, de un día para otro, esa oposición a la que caracterizaron de estéril y anodina, pasó a ser radical y destructiva. De no existir a ser demasiada, y como se acuñó por dirigentes frentistas en los pasillos del Palacio Legislativo, “se afectó el clima”. De no servir para nada a ser tan incisiva que enojó al gobierno hasta la pataleta.

En verdad la oposición siempre cumplió su papel, mejor a veces, no tan bien otras, como en cualquier actividad. El cambio que existió fue la investigadora de Ancap que sirvió para desnudar la punta de un iceberg de irregularidades y corrupciones; los desaguisados del vicepresidente Sendic, y, por último, lo que cambió fue la realidad económica.

El gobierno debería estar enojado consigo mismo, la bancada del Frente Amplio debería estar enojada con el presidente, y todos con un gobierno sin rumbo y un presidente que cree que yendo a dar puntapiés iniciales a partidos de fútbol va a mejorar su gestión.

La frustración popular es lo que “cambió el clima”, sencillamente porque se descubrió el gran engaño perpetrado en la campaña electoral. A cuenta de ganar la elección y con la autoría intelectual de Astori que tejió un discurso falso sobre la realidad económica, se hizo creer a la gente que la elección era entre las certezas de Vázquez y el FA, y la incertidumbre de Lacalle Pou y el Partido Nacional. Uno era el que garantizaba el trabajo, la inversión y hasta los ravioles del domingo, y el otro la aventura. Los aventureros, sin embargo, alertábamos que la economía se frenaba, que se había desperdiciado el crecimiento, que se dilapidaron recursos y que había que buscar tratados de comercio flexibilizando el Mercosur y ser innovadores. Los aventureros dijimos la verdad. Los que garantizaban certezas mintieron para ganar. No pudieron controlar el fraude intelectual y se los comió la máquina del invento. Hicieron un Presupuesto sobre la base de un crecimiento fantasioso, el doble del real, prometieron una rebaja del déficit y este se halla en ritmo descontrolado, y “los ravioles del domingo” también los pusieron en riesgo, porque decenas de miles de uruguayos se quedaron sin trabajo en este gobierno y desgraciadamente va a seguir así.

El problema no es la oposición, sino el gobierno que no puede controlar sus mentiras de campaña que generaron expectativas que no eran ciertas.

El presidente llama al diálogo sobre seguridad y petróleo. Vamos, sin duda. Pero que quede claro que es un “abrazo de oso” para repartir responsabilidades. Lo hacen obligados, no porque crean en la necesidad del diálogo, sino porque quieren meternos para adentro ante la gravedad de una realidad que se les va de las manos. No creen en el aporte de los partidos, no creyeron en estos 11 años, lo hacen obligados por las circunstancias.

Se verá si prospera, ojalá que sí, pero para que así sea deberá el presidente ir a su armario, tomar la banda presidencial y ponérsela en el pecho, recordando que es el presidente y no simplemente un pateador de puntapiés iniciales.

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