Javier García
Javier García

El pacto pisado

Hay un solo pacto, hasta el momento, que el Frente Amplio cumplió a rajatabla: el Pacto del Club Naval. Hizo todo lo pactado: se sentó a la mesa, acordó los términos, silenció a los díscolos de su partido, abrió la celda para que entrara Wilson y fue a elecciones con él en un cuartel. Nadie le podrá reclamar que no honró, si vale el término, el acuerdo.

Hay un solo pacto, hasta el momento, que el Frente Amplio cumplió a rajatabla: el Pacto del Club Naval. Hizo todo lo pactado: se sentó a la mesa, acordó los términos, silenció a los díscolos de su partido, abrió la celda para que entrara Wilson y fue a elecciones con él en un cuartel. Nadie le podrá reclamar que no honró, si vale el término, el acuerdo.

Fue el único, de ahí para adelante los diálogos con el FA dejan las incertidumbres sobre su cumplimiento, y los importantes, los incumplen todos. Recordemos en estos años los acuerdos firmados con los partidos políticos sobre educación pública. Nada. Puro papel mojado. En materia de política internacional ni hablemos. Rompió un símbolo construido desde 1985 y una política exterior común compartida por todos los partidos, la dejó de lado por una política exterior de comité, signada por un Mercosur inoperante e ideológico y de abrazos con el chavismo-madurismo. El mundo compraba, vendía y negociaba trabajo y productos mientras Mujica tomaba mate con Kusturica haciendo el guión de su película rumbo a un premio Nobel que nunca llegó. Ahí el capítulo de traer presos de Guantánamo por naranjas era toda una genialidad. ¡Miren en lo que estamos ahora!

Por estos días el FA dilata e incumple los que hizo con la oposición en la Torre Ejecutiva por seguridad pública. Lo advertimos, por eso le pusimos punto final. Vázquez prometió respaldo de su bancada, pero la verdad es que nunca lo tuvo. Fue una gran pérdida de tiempo. De allí salimos con poca cosa, muy parcial y sin entrar al “área chica” de los problemas. Por poco que sea lo acordado, no obstante, es sagrado. Ese es el santo y seña de la relación política, el sello de confianza de los interlocutores. Vázquez le reclamó a su bancada en materia presupuestal, hace poco, que cumpliera sus acuerdos internos y le dijo con solemnidad que los pactos están para cumplirse (pacta sunt servanda). Sin embargo los que hizo con los partidos de la oposición no los cumple ni los hace cumplir. Si tiene fuerza para alinear a su partido en el Presupuesto, ¿por qué no hace lo mismo con los acuerdos de seguridad con la oposición? Es su responsabilidad, y por lo tanto, si no los honran, su credibilidad sufrirá un duro golpe. Esperemos que el FA vote, porque lo que está en juego no es cosa menor. Está la palabra del presidente de por medio, y eso en términos de institucionalidad es muy importante. Se dice que su bancada le pidió para cambiar los acuerdos. Los muchachos no entienden. Vázquez no puede autorizar a violar aquello que es fruto de la voluntad de varios, no solo la de él. Proyecto de limitación de libertades anticipadas, de combate al narcotráfico y modificaciones al Código Penal esperan. Fuimos criticados por decir antes lo que ahora es evidente: solo había una puesta en escena. En el Senado esta semana, con desvarío, desde la bancada oficialista se acusó a la oposición de métodos desestabilizadores por opinar distinto. Un verdadero dislate. No debe haber en el mundo partido más leal a la democracia que el Partido Nacional, está escrito en nuestro escudo: “Defensores de las Leyes”. Podría agregarse además que cumplimos los compromisos. El Frente Amplio y el presidente Vázquez deben cumplir los suyos, si no quedará claro dónde está la deslealtad con la democracia. Que no busquen los demonios fuera, porque están en su propia casa.

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