Javier García
Javier García

La moña de Vázquez

Lo peor no es que utilice niños en una escuela para hacer política, en todo caso la frontera de cuándo hace política partidaria el presidente y cuando está en funciones es muy borrosa.

Lo peor no es que utilice niños en una escuela para hacer política, en todo caso la frontera de cuándo hace política partidaria el presidente y cuando está en funciones es muy borrosa.

Además detenerse en eso es estéril. Lo malo no es lo que dijo acerca del famoso cambio de ADN de la educación y de lo revolucionario de las reformas que en esta materia lleva adelante su gobierno, lo malo es que se lo crea. Si de tanto repetirlo llega por un instante a tener esa fantasía sería preocupante.

Esos niños todos los días tienen a su lado un “simple” maestro de escuela, de aquellos que desprecia la ministra de educación de Vázquez. Concurren a una escuela pública que en otros tiempos era un bazar de oportunidades para las clases populares del Uruguay. Hoy la escuela pública se derrumba junto a todo el sistema educativo. Más de 2500 millones de dólares de presupuesto educativo para que un alumno uruguayo a los 17 años apenas sepa lo que uno de 12 ya sabe en varios países asiáticos o uno a los 14 aprendió en Europa. Es mucha ventaja. Pero además la brecha también se da adentro de Uruguay: entre los alumnos de mejores condiciones económicas y los más rezagados hay más de dos años de distancia. Eso es inequidad y pobreza futura. Y esto luego de años de bonanza. Una educación pobre, para pobres. Criminal.

Mientras desde el Frente Amplio los sectores vinculados a quienes tienen el poder burocrático en la enseñanza discuten ideología, el sistema educativo se cae a pedazos. Lo único que se debate aquí es salario. Pero como dijo en El País Ariel Fiszbein, director de grupo Diálogo Interamericano, que presentó un documento sobre nuestra realidad educativa y la de América latina “Si el tema solo pasa por mejores salarios o más computadoras en las aulas estamos jorobados porque eso, por sí solo, no asegura que los chico vayan a aprender”.

Padecemos una fractura expuesta en materia social y los resultados de la educación pública son la causa. Las corporaciones piden más, 6% del PBI para educación. Dicen que es lo que se asigna en países desarrollados al rubro. Un trabajo de un reconocido educador uruguayo que me acercara estos días demuestra que esos países asignan esos recursos pero con los mismos atienden a muchos más estudiantes que terminan bachillerato (casi 100% contra 30 y 40% aquí) y por lo tanto entran muchos más a las universidades, les dan más horas de clase (40% más). Además de que en esos países los sistemas son financiados públicamente, mientras aquí la educación privada atiende a cerca del 20% de alumnos y no recibe dinero presupuestal. Plantea que la equivalencia no es real y que la cifra de PBI ajustada, restando poblaciones no atendidas y mayores cargas horarias, es del 2,4 % para cubrir lo que allí se cubre con el 6%. Ni hablar de comparar porcentajes de PBI asignados con resultados obtenidos. Da vergüenza.

El presidente se rodea, con gran demagogia, de escolares. Esos niños usados involuntariamente como arma política por un adulto, Vázquez, terminaran la escuela con una enseñanza precaria y pobre y la mayoría no terminará el liceo, en un país que se enriqueció al mismo tiempo. La entrega irresponsable del poder de la educación a las corporaciones, que prohijó Vázquez en su primer gobierno, es la causa. Esa fue su gran moña, que los niños más pobres y sus familias pagarán muy cara. Y se dicen progresistas.

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