Javier García
Javier García

Ministro de explicaciones

Se le paga el sueldo hace seis años como ministro de explicaciones, en eso anda bien. Bonomi se ha especializado en decirles a los uruguayos cuáles son las causas de la violencia, es idóneo en sociología del delito.

Se le paga el sueldo hace seis años como ministro de explicaciones, en eso anda bien. Bonomi se ha especializado en decirles a los uruguayos cuáles son las causas de la violencia, es idóneo en sociología del delito.

Explica, pone nombres, los cambia, todo con sesudo gesto. Cita a conferencias de prensa al solo efecto de decirnos, al pasar, que los homicidios -también- aumentaron en su gestión, para enseguida rebautizarlos: ya no son por “ajustes de cuentas” su nueva clasificación es por “disputas de territorios”.

Con un nombre o con otro los asesinatos aumentaron, en Montevideo e interior (y aumenta también la autoría de adolescentes en estos homicidios). ¿Son menos importantes por esa causa? Es decir, según su interpretación ¿son menos homicidios? Demos por válido la explicación, aunque veremos que es más un agravante que un atenuante. Si así fuera es porque se instalaron mafias, que además de asesinar, roban, trafican, secuestran. Aumentaron entonces porque aumentó la cantidad y “calidad” de la violencia, quiere decir que por una razón o por otra es la consecuencia de un país más inseguro, más violento, más impune para muchos que saben que hay un ministro que diagnostica lo que hacen, pero que no los enfrenta.

Si hay “disputas de territorios” hay territorios dónde el delito manda, el Estado está ausente y no se ejerce la autoridad. Cuando los delincuentes arreglan a balazos sus temas es porque ahí no hay nadie para impedirlo. Es de cajón, Bonomi, la explicación es peor que admitir el fracaso, porque confirma que los uruguayos estamos regalados y el Ministerio del Interior es de autoridad parcial, limitada a algunos territorios. Se ha sustituido la autoridad del Estado en uno de sus fines primarios por la de bandas que resuelven con su ley mafiosa las diferencias. Es el reconocimiento del fracaso del Estado de Derecho, de la democracia para enfrentar la violencia, de quien se resigna a cederle a las bandas mafiosas territorio y autoridad de ajusticiamiento, para traficar, extorsionar y prostituir. Y eso no es culpa de los delincuentes sino de los que le ceden espacio y diagnostican y explican, pero no tratan.

Cómo se puede trabajar en un almacén o una estación de servicio esperando la rapiña o el balazo. Cómo se puede vivir en un país dónde una madre y una hija salen de su casa y terminan volviendo luego de que se paga un rescate, cómo se puede admitir que es normal que desde una moto se le vacíe un cargador a una persona y justificarlo en “disputas de territorio”. En esos “territorios” vive gente que tiene derecho también a no tener que encerrarse en su casa para no ligarse un balazo como sucede todas las semanas.

Bonomi y J.Vázquez están atornillados a sus cargos por razones políticas. El primero porque Mujica lo sostiene y el otro porque además maneja información privilegiada para el presidente. El gobierno le da más importancia a las razones de política interna del Frente Amplio que a la seguridad humana. Durante la campaña electoral Tabaré Vázquez se comprometió a bajar 30% las rapiñas, pero con Bonomi aumentaron 60% y este año también aumentarán. Aumentan los homicidios, con el nombre que quieran pero aumentan. Aquí no pueden jugar a la mosqueta, hay un solo Frente Amplio, el de Mujica y Vázquez, el que sostiene a Bonomi y al gran hermano. Aquí no hay “disputas de territorio”, lo administran juntos.

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