Javier García
Javier García

En 60 meses

No habían pasado 24 horas de conocido el resultado y una asamblea entusiasta llenaba nuestra casa partidaria. Coincidía la fecha con la de liberación de Wilson un 1º de diciembre, 30 años atrás. Decía el caudillo aquel día en la explanada: “¿Derrotados nosotros?, a quién se le ocurre que el Partido Nacional está derrotado”. El lunes se podía vivir lo mismo.

No habían pasado 24 horas de conocido el resultado y una asamblea entusiasta llenaba nuestra casa partidaria. Coincidía la fecha con la de liberación de Wilson un 1º de diciembre, 30 años atrás. Decía el caudillo aquel día en la explanada: “¿Derrotados nosotros?, a quién se le ocurre que el Partido Nacional está derrotado”. El lunes se podía vivir lo mismo.

No logramos el objetivo mayor, la presidencia de la República. Es verdad. Pero seamos sinceros, quién pensaba un año atrás que Lacalle Pou ganaría la interna, renovaría al Partido Nacional y nuclearía un sector político que integrado por militantes de distintas vertientes del Partido se transformaría en el sector más votado del país, superando al MPP de Mujica que lo era desde hacía tres elecciones, y que en segunda vuelta un millón de uruguayos lo respaldarían. Pocos lo imaginaban.

Durante la campaña dijimos que queríamos gobernar ahora y que no era un apronte para el 2019. Subvaloramos y no medimos adecuadamente el peso brutal de toda la maquinaria estatal puesta al servicio de la candidatura oficialista. Todo el poder mediático y económico del Estado se volcó a llevar en andas a Vázquez. Decenas de millones de dólares se pusieron en publicidad estatal y en reforzamiento de la presencia de planes sociales para abonar una elección. Mientras nosotros repartíamos listas, el gobierno repartía plata. Es difícil así.

No creo que todos los que respaldaron a Vázquez piensen que la seguridad y la educación están bien. Seguramente muchos opinen como nosotros, pero priorizaron otras cosas.

Hubo otra realidad: Lacalle Pou era la innovación y la elección la ganó el continuismo. Quizás Uruguay no estaba preparado para votar un candidato de 41 años. La candidatura de Luis fue un revulsivo para un electorado que no está acostumbrado a un cambio generacional tan profundo como el planteado. Tan es así que el propio gabinete de Vázquez es una confirmación de eso: cero renovación. Un partido que recibe más de un millón de votos es increíble que no abra a las nuevas generaciones los cargos de responsabilidad y les niegue su aporte.

Otra realidad: en el año 1999 cuando Batlle fue electo, el Partido Colorado votó en primera vuelta el 32% y 22% el Partido Nacional. Ganó en segunda vuelta con 54%, la suma fue perfecta. No pasó ahora esto. Obviamente hay causas para ello. El Partido Colorado votó por debajo de lo esperado y además hubo actitudes de campaña antes de la primera vuelta y después que lo explican.

El Partido Nacional va a asumir el papel que le toca. No es nada decir que seremos oposición constructiva. Eso es discurso vacío. Vamos a ejercer la oposición democrática, la segunda mayoría. Si creíamos hace una semana en nuestras ideas, seguimos creyendo ahora, y por ellas pelearemos. Pero además vamos a ser firmes en el control del gobierno, del ejercicio del poder y del respeto de la Constitución. Las mayorías hacen de todo si quienes las deben controlar se lo dejan. Pero eso empezará el 1º de marzo.

Hoy estamos de nuevo en la lucha, no alegres, pero sí con la certeza de haber dado todo convencidos del camino. Se puede perder una elección, no es la primera, el problema sería perder el rumbo, y ese está claro. O perder las ganas de luchar y eso es imposible. Cuando llegue la paz de las próximas semanas la historia reciente dirá que Lacalle Pou hizo un campañón. Y corresponde agradecerlo.

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