Javier García
Javier García

La mano y la lata

Aquella frase fonéticamente impecable decía así: los frenteamplistas podremos meter la pata, pero no la mano en la lata. Su autor, el presidente Vázquez, ponía un límite acusador entre su partido y los demás. Lo que decía implícitamente era “nos podemos equivocar pero no somos chorros, como ustedes”.

Aquella frase fonéticamente impecable decía así: los frenteamplistas podremos meter la pata, pero no la mano en la lata. Su autor, el presidente Vázquez, ponía un límite acusador entre su partido y los demás. Lo que decía implícitamente era “nos podemos equivocar pero no somos chorros, como ustedes”.

Transcurrió el tiempo y luego de la sesión del senado donde el FA votó la derogación del delito de abuso de funciones, podría modernizarse aquella frase y decir: nosotros protegemos la mano y hacemos desaparecer la lata. Muerto el perro se acabó la rabia. Ese razonamiento indigno del parlamento es lo que el FA impulsó. Me imagino estos días a miles de frenteamplistas que están tan indignados como el resto de los uruguayos por lo que hicieron sus senadores, todos sin excepción. No es un tema del pueblo frenteamplista, sino de sus dirigentes que actuaron con desviación de poder para proteger y salvar a sus correligionarios. La ética siempre fue un discurso que utilizó la izquierda, aquí y en el mundo. Mientras no tuvieron ejercicio real del poder la acusación hacia los demás partidos fue permanente. Vendían la certeza que ellos tenían la vacuna que impedía que una persona fuera corrupta. Por el solo hecho de ser de izquierda, se estaba genéticamente condicionado a la pureza. Tan infantil razonamiento no resistía el menor análisis, pero no había prueba en contrario hasta que no ejercieran el gobierno. Tienen el poder desde 1990 en Montevideo y desde 2005 a nivel nacional. No les alcanzó el escándalo de los casinos municipales para darse cuenta de que entre sus filas había corruptos. Y como lo siguieron negando, y no se previnieron, llegó el resto: Pluna, Ancap, Fondes y decenas de denuncias penales.

Manos que quieren aprovechar su cercanía a la “lata” hay y desgraciadamente habrá siempre que exista el poder. La idiotez suprema de creerse inmune a la corrupción ha sido la plataforma para que los corruptos avancen. Algunos de ellos roban de día y de noche leen El Capital de Marx. La escena que dieron los senado- res del FA argumentando que era de justicia derogar el abuso de funciones fue un golpe durísimo a la lucha contra la corrupción. Nadie está libre, no es un tema ideológico sino desgraciadamente latente en la administración de los dineros públicos.

La mano izquierda también roba. Todos deberíamos ser socios para tener mecanismos cada vez más exigentes en la ética de la función pública. Y cuando digo todos, digo también los dirigentes sindicales que a los muertos que tiene en el armario, se le agrega ahora que no dicen ni “mu” de esta barbaridad. Mientras la central obrera anunciaba un paro por la rendición de cuentas, escuchamos a un destacado dirigente comunista del Sunca argumentar a favor de la derogación del abuso de funciones; fue penoso. Comunistas eran los de antes. Deberían estar convocando marchas y paros contra aquellos que votaron la impunidad, para los que dieron avales truchos en el Banco República a pedido del ministerio de Economía, para un negocio falso con el señor de la derecha. También movilizarse contra los que destruyeron el patrimonio de las empresas públicas y el indulto político a quienes abusaron del poder y quieren derogar un delito por el que se investiga la oscura gestión de Ancap a manos de sus compañeros del FA, y los negocios del Fondes. Pero de eso el Pit-Cnt nada dice. El silencio es amarillo.

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