Javier García
Javier García

Si hubiera sido

Los uruguayos tomamos conocimiento del escandaloso episodio que involucró a una jerarca del gobierno y reconocida dirigente del Frente Amplio. En un apartamento de su propiedad funcionaba un concurrido y clandestino prostíbulo.

Los uruguayos tomamos conocimiento del escandaloso episodio que involucró a una jerarca del gobierno y reconocida dirigente del Frente Amplio. En un apartamento de su propiedad funcionaba un concurrido y clandestino prostíbulo.

Según se informa, la ex Contadora General de la Nación, oficina que provee de las garantías de alquiler, arrendaba en negro el apartamento a través de una amiga. Allí se ejercía la prostitución y también vivían menores que eran testigos de todo. Es más, las filmaciones muestran a las pequeñas correteando en el pasillo y “clientes” ingresando, mientras una de ellas, se informa, hacía ocasionalmente de portera del prostíbulo.

La jerarca y propietaria, que días antes y en mano propia llevó al parlamento la Rendición de Cuentas con el ajuste fiscal que ordena pagar más impuestos, declaró que se enteró de esto hace pocos días. Toda persona es inocente hasta demostración en contrario, así que ella también lo es aunque cuesta muchísimo creer que no supiera. Es increíble que una contadora reconocida nunca se hubiera preguntado cómo podía ser que cobrara de alquiler un precio que debe triplicar el que normalmente se paga en el mercado. ¿Nunca se preguntó por qué le pagaban tanto?

De todo esto se ha hablado mucho, sin embargo es sorprendente que a una semana de la denuncia pública en un informativo que vieron decenas de miles de uruguayos, no haya actuado de oficio el Fiscal Penal de turno y que la DGI, por lo menos que se conozca públicamente, no esté averiguando cómo era que funcionaba ese negocio en negro. Si fuera un kiosco de barrio ya hubiera tenido veinte inspecciones. Fue un escándalo que conmocionó el fin de semana, donde aparecían niñas que eran sometidas a presenciar y hasta participar involuntariamente de la operativa de un prostíbulo. ¿A ningún fiscal de turno, viendo estas imágenes, se le ocurrió investigar si hubo delitos? Llamativo, por lo menos. La denuncia estaba en todos los televisores y nadie indagó este escándalo penalmente. Hasta hace pocas horas solo un juez de faltas, uno de familia y el INAU habían tomado parte. Y las organizaciones defensoras de los derechos del niño que defienden tanto, por ejemplo, que un adolescente no trabaje en tareas de campo, o no le dé una mano a sus padres en el taller o en la feria si no es adulto, salvo largas autorizaciones, ¿no les preocupó que hubiera niñas conviviendo con hombres desconocidos, en un prostíbulo, siendo violadas en sus más elementales derechos de dignidad e intimidad siendo testigos de prostitución? Las ONG’s que militan contra la violencia de género y que son muy activas no tienen nada para decir de estas mujeres-niñas que fueron violentadas en sus derechos humanos. ¿O es que el origen frenteamplista de la titular del apartamento tiene algo que ver en ese silencio vergonzante y vergonzoso?

Indigna que ni el Estado ni la Justicia hayan reaccionado acorde a la gravedad del hecho y miren para el costado, como algunas organizaciones que dicen defender derechos. Si la propietaria hubiera sido de otro partido estoy seguro que la reacción sería bien distinta. A algunos en el sistema judicial y las organizaciones pro- derechos les pesó más que la involucrada era una “compañera” frenteamplista.

Recuerda a Orwell: todos somos iguales ante la ley, pero algunos son más iguales que otros.

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