Javier García
Javier García

El honor olvidado

La interpelación que el diputado Trobo le hizo al ministro de Defensa sobre la desaparición de miles de proyectiles en Durazno dejó claro que ese episodio se intentó ocultar deliberadamente a la ciudadanía y a sus representantes.

La interpelación que el diputado Trobo le hizo al ministro de Defensa sobre la desaparición de miles de proyectiles en Durazno dejó claro que ese episodio se intentó ocultar deliberadamente a la ciudadanía y a sus representantes.

No hay forma de creerse la fábula montada que argumenta que durante más de seis meses eso lo sabía un pequeño círculo que se lo escondió al comando de la Fuerza Aérea y al ministro de Defensa Nacional y su subsecretario, que además vive en Durazno, donde “todo Madrid lo sabía, todo Madrid menos él”. Muchísimos lograron lo que suele ser imposible entre pocos: esconder el hecho. Dicen que secreto entre dos no es secreto, aquí si le creemos a la versión oficial se logró mantener el secreto entre muchos. Imposible. Lo sabían arriba y lo escondieron.

Este robo grave alcanzaría para que instantáneamente el comandante de la Fuerza Aérea y el ministro renunciaran. Cuando había honor sucedía. El primero por ser el responsable directo de la Fuerza, por aquello que en otros tiempos era un principio militar cardinal: se delega el mando pero nunca la responsabilidad. No lo hizo. Y en el caso del ministro por ser el responsable político y ejercer el mando superior, junto al presidente, de una Fuerza que no es autónoma sino sujeta al poder político.

Fernández Huidobro le pidió la renuncia en una interpelación al fallecido Luis Brezzo cuando era ministro de Defensa en 2001, por un robo bastante menor en el arsenal de la Armada. Ahora se refugió en una actitud cobarde que no asume su responsabilidad. Fue “valiente” para pedirle a otro que haga lo que él huye de hacer. La historia de Huidobro vuelve a repetirse, (aquella historia).

Y si el ministro no sabía porque le escondieron la infor- mación es peor y entonces se debería ir por inepto, por no tener mando y porque se entera por la prensa de lo que pasa en su cartera. Pero no es el caso, los servicios de inteligencia lo alertaron. ¿Por qué lo digo? Porque saben hacer su trabajo. La información se ocultó por ra-zones políticas, no hay posibi-lidad alguna que algo que sabían varios oficiales y subalternos no hubiera llegado a oídos del comando del arma y del ministro.

Algunos servicios de inteligencia le informaron en los últimos días a Fernández Huidobro que Amodio Pérez iba a venir a Uruguay a presentar un libro. Mire usted, ¿son inteligentes para saber que el escondido exguerrillero viene del exterior y no saben que se robaron miles y miles de balas a 190 kilómetros de Montevideo? Hacen inteligencia política para el ministro, pero se comen el gravísimo robo en Durazno. No, esa no corre.

Por muchas razones desde hace mucho tiempo este ministro no solo no nos da garantías a los blancos, tampoco se las da a la democracia uruguaya. A ningún partido, al Frente Amplio tampoco. Pero peor es que algunos militares en este hecho confundieron su lealtad. No es a un partido político en el gobierno al que se la deben o a un ministro, sino a la Constitución de la República, fue a eso que se juramentaron. Cuando no lo hacen nos fallan a todos y primero a su honor. Como pasó la tarde de la interpelación con algún alto oficial que estaba mezclado entre legisladores frentistas, en su bancada, agradeciendo sumisamente que lo hubieran defendido en algo tan deshonroso como es no hacerse cargo de su responsabilidad cuando le roban las armas que los uruguayos y la Constitución les dieron para cuidar.

Una deshonra.

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