Javier García
Javier García

¿Y los gurises?

Todo el conflicto de la educación está reducido, hoy, a una competencia para ver quién es más duro: gobierno o sindicatos y derrotar al otro.

Todo el conflicto de la educación está reducido, hoy, a una competencia para ver quién es más duro: gobierno o sindicatos y derrotar al otro.

Es trágico que en esta escalada a nadie se le haya ocurrido poner arriba de la mesa lo único importante, lo que no entra en este concurso de malevos: los gurises.

El gobierno tiene toda la legitimidad para declarar la esencialidad.

La oportunidad es lo discutible, la legitimidad no. Dado el paso, solo hay una posibilidad: se acata el decreto y santas pascuas, o se desacata y si pasa esto el único camino es sancionar el desacato. Si el presidente ejerce la autoridad y esta es desoída y no pasa nada, entonces el problema es grave. El día de mañana en la salud o la seguridad si se le ocurre declarar la esencialidad, los “esenciales” van a recurrir a este precedente donde el incumplimiento no tiene sanción y nadie estará preocupado en acatar. El resultado es un gobierno sin mando y por lo tanto, una herida en el funcionamiento del Estado de Derecho.

La oportunidad de decretar la esencialidad parece un profundo error cuando el desgaste de los sindicatos, que veían agotar su convocatoria, aconsejaba ofrecer salidas a sus dirigentes para encauzar el conflicto. Pero eso ya no importa porque el decreto está vigente y fue desacatado. Es de risas eso de que se suspende de “boca” su aplicación.

Lo que se suspendió desgraciadamente, es la autoridad del presidente que fue desoída. Y ese es un problema institucional. Ahora se amenaza con que el lunes empezarán las sanciones y todos sabemos que el Poder Ejecutivo no tiene posibilidad alguna de sancionar a un maestro o profesor. Es una amenaza que no puede, políticamente o en la práctica, cumplir y por lo tanto, lo debilita más. ¿Va a salir con camiones de la Republicana a hacer “leva” de maestros y profesores? ¡Por favor! No debe anunciar lo que sabe no puede cumplir. Vázquez, además, está más solo que el uno dentro de su partido.

Y los sindicatos hablan de la educación pero hoy hay miles de chiquilines que van a escuelas y liceos que hoy están en la calle, mientras sus padres trabajan y muchos son hogares de mamás solas. Sin recibir educación y otros también sin recibir comida, porque almuerzan en su escuela y además expuestos sin que nadie los cuide durante horas. ¿A nadie le preocupa esto?

Perdieron el foco en este concurso de gritos y amenazas que hay que encauzar rápido. El gobierno ya perdió.

Todos sabemos que tarde o temprano se va a arreglar, lo único que no tiene arreglo son las clases perdidas, esas no vuelven más. El gobierno debería, porque tiene la mayor responsabilidad, ser el primero en poner su grano de arena y dejar un decreto que ya quedó sin efecto desde el momento en que no se cumplió. Es un decreto muerto, inexistente por desoído. Ya fue desautorizado. Va a pagar un precio y es fruto de su propio error que no es este decreto, sino haber abandonado la educación y entregarla a los sindicatos, con la ley del propio Vázquez en su primer mandato. Se cocinó en su propia salsa. Ahora, aunque sea por una vez, que piense en los chiquilines y sus familias. Esa es la responsabilidad del gobierno y también del sindicato. Que se encierren en un cuarto y se arranquen las tripas, pero no le hagan pagar a los niños sus internas políticas y de poder. Por un rato, sensatez y volver a las clases.

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