Javier García
Javier García

Guantánamo y leyes

Hay que separar bien las cosas para que unas no tapen otras. La prisión de Guantánamo es absolutamente ilegal y un enclave de violación de derechos humanos que no merece más que repudio de cualquier persona de bien.

Hay que separar bien las cosas para que unas no tapen otras. La prisión de Guantánamo es absolutamente ilegal y un enclave de violación de derechos humanos que no merece más que repudio de cualquier persona de bien.

Es además una rémora colonial en territorio cubano que algún día un gobierno cubano democrático y su soberano, el día que se libere del régimen tiránico que lo aprisiona, lo reclamará con la autoridad que da el grito de un pueblo libre. Será más temprano que tarde y para que sea más rápido esperemos que EE.UU. se dé cuenta que su inexplicable bloqueo no hace más que reforzar al régimen. Este mundo de cosas que están por fuera de la ley, nunca se soluciona con otras arbitrariedades.

El presidente Mujica tomó una decisión que por mejores intenciones que tenga es más el fruto de un actuar monárquico que republicano. En democracia no hay buena intención que valga, que justifique decisiones ilegales. No todas las ilegalidades son inmorales, enseñan, pero son ilegalidades al fin. ¿Quién no repudia que haya prisioneros destratados, violados y sujetos a un régimen sin garantías? Obvio, hay que ser muy bestia para no hacerlo. Pero lo político no justifica todo, incluso actuar por sola voluntad sin respaldo y negociar con un Estado extranjero, EE.UU., a espaldas del pueblo y del Parlamento. Hay que separar los tantos. Los presos de Guantánamo no calzan en el estatuto del refugiado, se los incluye a fórceps. Llegaron aquí fruto de una negociación de la cual no sabemos los alcances reales y los compromisos, y menos el contenido de la “factura” personal que el presidente dijo pasaría a cambio. Gente informada asegura que es a cambio de la liberación de un grupo de presos cubanos en EE.UU. En la mesa hubo tres gobiernos negociando. Mujica dijo el jueves que espera esa liberación. ¿Casualidad?

Nada descartaba de antemano si hubiera existido información transparente y marco legal claro, que la oposición compartiera la “transferencia” de presos como los americanos bautizaron esto, pero no se quiso informar. No se puede pretender un cheque en blanco en algo tan delicado. Brasil, Colombia y Chile negaron en las últimas horas recibir presos y a nadie se le ocurriría decir que esos gobiernos no respetan los derechos humanos.

El tema central no es una competencia de sensibilidades sino que un gobierno, un presidente, solo puede hacer lo que le permite la ley. La decisión es ilegal, tanto como Guantánamo y el silencio sobre lo pactado es sospechoso.

Estados Unidos era para la izquierda un cuco detestable, progenitor de todos los males. Últimamente nuestra izquierda pegó una enorme voltereta ideológica y le pide respaldo bélico a Bush y hasta acepta “transferencia” de presos de Guantánamo a su pedido. Antes, sus dirigentes manifestaban en la puerta de la embajada de EE.UU. (yankees go home) ahora toman copetines y saladitos de la mano de su embajadora. ¡Paradoja! Nosotros rechazamos la cárcel extrajudicial de Guantánamo donde se violan los derechos humanos y rechazamos que EE.UU. ocupe territorio ajeno y bloquee a Cuba. Pero también repudiamos que en Cuba se violen los derechos humanos como en Guantánamo y que su pueblo esté oprimido y perseguido. Le decimos NO a todo eso, porque todo es igual de ilegal. Y lo ilegal no se combate con ilegalidades, sino con el Derecho y con transparencia. Lo que falta desde el inicio en este episodio.

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