Javier García
Javier García

Epidemia de chambones

Una verdad dicha fuera de tiempo, repite un amigo, es una herejía. Una mentira repetida muchas veces, no es una verdad: es una mentira, y si el que la dice además se la cree, ya entramos en el campo de la psiquiatría.

Una verdad dicha fuera de tiempo, repite un amigo, es una herejía. Una mentira repetida muchas veces, no es una verdad: es una mentira, y si el que la dice además se la cree, ya entramos en el campo de la psiquiatría.

El ministro diagnosticador, Bonomi, nos informó en entrevista de “Búsqueda” que la “epidemia de delincuencia está controlada”. La afirmación es toda una revelación de falta de contacto con la realidad, un desvarío. Eso solo se puede afirmar si se vive encerrado en el despacho y rodeado de guardaespaldas. En otras circunstancias se la podría entender como un acto de fe de quien, cumplidos seis años como ministro de Interior, recauda los peores índices de violencia desde la recuperación democrática. Todo un récord que justificaría su despido. Pero eso es el mundo real, no el que habita Bonomi.

Las afirmaciones discutibles invitan al esfuerzo intelectual, al debate, a encontrar el argumento y convencer. Es todo un acto docente y es tarea que merece atención. Obviamente no es el caso, y menos la oportunidad. Apenas cuatro días después de ajusticiamientos propios de las series televisivas de la vida del narco colombiano Pablo Escobar y no del apacible Uruguay, sostener que la delincuencia está controlada es de locos o de chambones profesionales. Se contestó él mismo en la Comisión Permanente cuando la semana pasada reveló que las rapiñas siguen aumentando, el año pasado 4,5%, y los homicidios 8%. Eso es parte de una rutina desgraciada, que no necesita prueba porque es confesión del propio jerarca incapaz de contenerlas. Pero además golpea a los ojos la nueva realidad de un Uruguay que se inundó de narcos, chicos, medianos y grandes, que sienten impunidad. El caso de una muchacha que sale caminando con sus amigos y es asesinada por criminales como efecto colateral de su matanza, no parece ser el de un país donde la epidemia de la delincuencia está controlada. Y el de un bebé que en las mismas circunstancias es asesinado el fin de semana anterior, sí es la imagen aberrante de un país donde delincuentes muy pesados decidieron operar. Además, en el país donde la “epidemia de delincuencia está controlada” entran a cuarteles a robar y hieren a soldados.

El Fiscal de Corte dijo en el mismo semanario que debe enfocarse la persecución del delito mayorista y más importante, no de la “bagatela”, en coincidencia con el oficialismo sobre este y otros temas, y en un discurso político que no es aconsejable para quien debe dar garantías a todos y más en días previos a denuncias que involucrarán al oficialismo.

El problema de inseguridad es que aumentó lo chico y apareció lo inmenso, porque el clima no es de epidemia controlada, es decir de tranquilidad social, sino de alarma social por la inseguridad y de epidemia descontrolada.

Uruguay vio crecer en los últimos años un ambiente de multiplicación de violencia en cantidad y en agresividad y los delincuentes aprecian un gobierno que gasta más tiempo en pegarle a la oposición que en pegarle a ellos.

Con Bonomi y su equipo, entre ellos el hermano del presidente, los narcos han progresado en logística, en acciones y en terror y muerte. Las bandas criminales tienen más poder. Es una epidemia letal. El presidente Vázquez los va a tener que sacar, tarde o temprano y si es tarde va a ser peor para él y peor para todos. Porque a esta altura, sí que es un problema de personas y de incapaces.

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