Javier García
Javier García

Bonanza y panzas vacías

Se repitió tanto que terminó siendo un eslogan de campaña, el Frente Amplio venía a terminar con el drama de un Uruguay donde decían que había niños que comían pasto. Todo estaba arruinado, hasta los cimientos más primarios de la protección social. Hasta hace poco se acusaba en debates políticos con esta dura frase.

Se repitió tanto que terminó siendo un eslogan de campaña, el Frente Amplio venía a terminar con el drama de un Uruguay donde decían que había niños que comían pasto. Todo estaba arruinado, hasta los cimientos más primarios de la protección social. Hasta hace poco se acusaba en debates políticos con esta dura frase.

Nos fundimos en 2001-2002 y en poco tiempo el país empezó su crecimiento, bastante antes de la victoria del FA. Ya en 2003 la economía empezó a levantar vuelo. No hubo dirigente oficialista que no recordara el Uruguay de los niños que comían pasto frente a estos que según su interpretación es fruto de la sensibilidad política. Planes sociales a los que se destinó enorme cantidad de dinero, institucionalidades varias que trabajan con los más pobres, programas multiplicados por todo el Estado con nombres muy efectivos, “Uruguay crece contigo” por ejemplo. Luego de más de una década de crecimiento económico nadie podría sospechar que aquellos niños que comían pasto según el FA en la mayor crisis económica que se recuerde, aún pasen hambre. Es inexplicable.

La encuesta oficial que se conoció esta semana, y que fuera revelada por un jerarca frentista de la Intendencia montevideana, dice que el 4% de los niños menores de 3 años en Uruguay pasa hambre. Se llama técnicamente y con delicadeza “insuficiencia alimentaria severa”. No tienen para comer. La semana pasada profesores de un liceo de Canelones advertían que había estudiantes que estaban en la misma situación. Cientos de millones de dólares volcados a políticas sociales terminan en esta cifra impactante. Es el fracaso más absoluto que se conozca de una política social. En un lado gobernantes que muestran orgullosos que la venta de autos 0 km fue explosiva, que los niveles de consumo familiar crecieron sin parar, pero que esconden un drama nacional. País que crece y niños chicos con hambre. Las piruetas de estas horas para vestir con otro nombre esta realidad son circenses. ¿Cómo es posible que pase esto? Hasta el momento el exministro del Mides Daniel Olesker no ha dicho nada. Nadie del gobierno da una explicación. Pero es el derrumbe de un modelo de atención social. Nadie deja a un niño sin comer por gusto, no es premeditado obviamente, es el fracaso de un modelo de crecimiento sin equidad. Los gobiernos del FA, autollamados progresistas, con todo el favor económico no pudieron garantizar a todos algo tan simple como un plato de comida en cantidad y calidad suficientes. El resto es explicación política, pero esta es la crudísima realidad. Destaco un comentario del senador Mieres donde marcó la contradicción entre las cifras del INE que hablan de menos de 1% de indigencia, mientras se sabe ahora que hay 4% de niños con hambre. No cierra, es verdad.

Este gobierno recién empezó, pero es continuidad del anterior, y del primero de Váz-quez. Es depositario de su propia herencia, de la buena y de la maldita y terrible como esta, pero todas propias. No hay culpas ajenas. Marina Arismendi asume recién en el Mides, pero fue ministra por cinco años, Olesker también. ¿Alguien asumirá responsabilidad? O seguirán hablando de la crisis del 2002 y los niños que comían pasto, mientras se olvidan que en la mayor bonanza de los últimos cien años, habiendo crecido a tasas asiáticas, hay niños hoy que no comen. No es 2002, es 2015 y siguen pasando hambre.

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