Javier García
Javier García

La biología

En apenas unos kilómetros de distancia y en pocos meses, quedó manifiesto el grado de intolerancia que nos rodea. Y debe preocuparnos.

Una iniciativa de la Iglesia Católica de poner una imagen de la Virgen en la aduana de Oribe generó una polémica inusitada, de ribetes políticos ideológicos desproporcionados con respecto a lo que se pretendía. Lo que se jugó es si estamos dispuestos a tolerar al diferente. Más que tolerar, a aceptar de buena gana que las sociedades son complejas y más ricas en la diversidad.

Surgieron reflejos atávicos que se opusieron como si lo que se proponía fuera una especie de adoctrinamiento religioso violento. Yo no conocía la imagen aludida, la vi el domingo pasado en ese mismo emplazamiento, en una actividad de la propia iglesia. Si uno tuviera que graficar la tolerancia y encontrar una imagen que la represente, esa pequeña y sencilla estatua lo haría muy bien, por encima de cualquier adhesión religiosa. Es la antítesis de la imposición doctrinaria. Infunde paz.

A pocas cuadras de allí, en las canteras del Parque Rodó, está el Memorial del Holocausto. Una obra magnífica de la arquitectura que representa al simple golpe de vista la tragedia de una colectividad que está en nuestros propios orígenes civilizatorios como el pueblo judío. La piedra, el trágico riel, el silencio de su entorno nos recuerda que la miseria humana no tiene límites y que los seres humanos somos animales y que la inteligencia que nos diferencia no siempre nos mejora, a veces nos embrutece más. El miserable nazismo es la expresión más bárbara e inhumana de la negación del otro. Allí, algún nazi criollo de los que todavía existe pintó una vez más esta semana consignas de odio.

Obviamente son intolerancias bien diferentes, la prime-ra dentro del marco democrático; esta última, violenta y despreciable. Se agregó otra, no inesperada, pero reiterada: la presidencial. Vázquez es ofendedor e intolerante en reiteración real. El pasar del tiempo no solo le agregó años, también mucha soberbia. Esa mezcla es compleja.

Cuando pasan los años las personas razonamos con más rigidez, y nos adaptamos menos a lo diferente y a lo nuevo. Es la biología y es inexorable. Eso no tiene consecuencias mayores salvo que a la biología se le sume la banda presidencial. Allí la consecuencia de la intolerancia es la radicalización social a la que incita el presidente.

El agravio, cuando sale de los líderes políticos, tiene el peligro de que se traduzca en violencia física por algún desubicado. Si el primero que debe garantizar respeto y tolerancia, ofende, ¿por qué no hacerlo su fanático militante?

Vázquez no cuida la paz política e incita a la violencia. Ya se ve agresión en las redes y una "hinchada" irracional. En Argentina la llaman "grieta", aquí no se la califica, pero tiene responsable: Vázquez. De aquel cauto presidente de tono sacerdotal de su primera presidencia, a este de hoy transformado en barrabrava político hay una enorme distancia. Seguirá acentuando estos rasgos con el pasar de los meses. Es inexorable como la biología.

Esta presidencia no quedará para la historia por ninguna obra importante, sí por ser la primera en que un presidente no da la talla ante la adversidad y se escapa del diálogo político, incitando al desprecio. De donde no podrá escaparse es de la cita que tiene el 1º de marzo del 2020. Allí dialogará, aunque le pese.

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