Javier García
Javier García

El balotaje impensado

El Dr. Vázquez agendó el tema de la inseguridad en la campaña, y lo hizo detonar. Afirmó algo mucho más importante que la reválida de Bonomi en el cargo de ministro cuando dijo “creo que no hay ni elementos ni motivos para cambiar la política de seguridad”. Hay que estar muy fuera de la realidad para afirmar que la política de seguridad está tan bien que no hay motivo para cambio alguno. Si algo hay que cambiar es esto.

El Dr. Vázquez agendó el tema de la inseguridad en la campaña, y lo hizo detonar. Afirmó algo mucho más importante que la reválida de Bonomi en el cargo de ministro cuando dijo “creo que no hay ni elementos ni motivos para cambiar la política de seguridad”. Hay que estar muy fuera de la realidad para afirmar que la política de seguridad está tan bien que no hay motivo para cambio alguno. Si algo hay que cambiar es esto.

Lo de Bonomi ministro es la consecuencia de algo peor, que no tiene que ver con la política de seguridad sino con las cuotas políticas de cada sector del FA. Vázquez perdió enorme poder en el FA y sus primeros anuncios fueron para prometerle parcelas a dos grupos que lo miran con desconfianza: los astoristas a quien les prometió Economía y los mujiquistas a quien sació con la propuesta de Bonomi. Es un reparto puro y duro de cuotas políticas que no tiene nada de renovador, es la expresión más cruda de la repartija de cargos, con una sola modificación: es por adelantado para que la barra quede contenta.

Si Vázquez necesita de Michelini para que le haga algún mandado de poca importancia es que anda medio solo. Otras figuras de altura intelectual y moral más importante lo rodeaban en otras instancias pero la escasez de cuadros motivados en esta elección lo hizo rodearse de viejos funcionarios suyos que le dicen que sí a todo y otros de poca importancia, como el nombrado actor de reparto.

Hay un Uruguay preocupante. Que una joven que va a bailar termine asesinada en una pequeña localidad canaria y el ministro diga que el lugar no era adecuado, como si la culpa fuera de la víctima o que una señora que camina por la rambla reciba un disparo que le pudo costar caro o un casamiento que deja un asesinado en plena fiesta como en el Cerro o que haya maestras agredidas todas las semanas, hablan de que estamos muy mal. En Uruguay hubo un cambio radical: para algunas personas la vida ajena no vale nada. Y hubo otro cambio importante: se perdió el respeto a la autoridad y a los límites. Y la autoridad no tiene porque ser solo una persona, la autoridad es la vida en sociedad ordenada y regida por la ley.

El Frente Amplio dijo en 2005 que había violencia porque había pobreza y que solucionada ésta disminuiría aquella. Diez años después hay menos pobreza, mejor situación económica y mucho más inseguridad y delito. Es el fracaso de una teoría que rigió los gobiernos del FA. Tabaré Vázquez la sigue repitiendo como si no se hubiera enterado de esto. El problema es mucho más profundo y no se vincula con la economía sino con los valores perdidos, eso es lo que no entendió. Y como no lo comprendió no lo puede solucionar. Si el diagnóstico es equivocado, lo será el tratamiento.

A un mes exacto de la elección hay dos certezas: la primera es que habrá balotaje. La segunda es que ningún partido tendrá mayorías legislativas propias. Esto nadie lo imaginaba hace seis meses atrás.
La renovación y la candidatura de LP en el Partido Nacional produjeron esto. Lo logró entre otras cosas por recorrer caminos nuevos y tener buena dosis de autocrítica partidaria. Exactamente lo contrario a Vázquez, por caminos viejos y sin asumir la realidad.

No es solo un tema de edad entre Vázquez y LP, es entre la renovación y la restauración. La “era progresista” termina con un candidato conservador que ve la realidad arrinconado atrás de sus guardaespaldas.

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