Javier García
Javier García

¡El avión, el avión!

Hace algunos años, bastantes, había una serie televisiva dominical que se llamaba “La isla de la fantasía”. Comenzaba con un vigía que desde tierra divisaba la llegada de los visitantes cuando veía acercarse el avión que los trasladaba, y avisaba su llegada gritando lo del título. La Torre Ejecutiva de nuestra presidencia parece la Isla de la Fantasía, se pasa gritando “el avión, el avión”.

Hace algunos años, bastantes, había una serie televisiva dominical que se llamaba “La isla de la fantasía”. Comenzaba con un vigía que desde tierra divisaba la llegada de los visitantes cuando veía acercarse el avión que los trasladaba, y avisaba su llegada gritando lo del título. La Torre Ejecutiva de nuestra presidencia parece la Isla de la Fantasía, se pasa gritando “el avión, el avión”.

En Argentina el empresario “derechista” Macri, desde que asumió la presidencia, se traslada en sus vuelos oficiales en aerolíneas comerciales sin que se mengüe su dignidad, parece. Aquí el presidente “izquierdista” insiste con comprarse un avión para sus traslados. En estos momentos gastar dinero público en eso es absolutamente frívolo, además de injustificable. No es un tema de montos, sino de señales y ejemplos políticos que deben darse desde arriba hacia abajo. De paso decimos que solo se puede justificar el precio de un aparato que dentro de cinco años será chatarra, tiene 40 de antigüedad, en el favor que se le quiere hacer a un empresario amigo de la presidencia, que casualmente al día siguiente de que asumiera Vázquez, el 2 de marzo del 2015, le envió una carta ofreciéndole la venta de su avión. Un visionario el empresario. Se va a gastar el monto equivalente al costo de construir una escuela para comprar un avión que en el mercado cuesta por lo menos la mitad de lo que se va a pagar. Esto es sobreprecio por definición. Alcanza con recorrer las páginas especializadas de internet para conocer el precio de mercado.

Además, en esas coincidencias que no son tales, una vez que el Tribunal de Cuentas objetó la compra directa de este avión hace nueve meses, la presidencia mandó hacer una licitación con unas bases que coincidían exactamente con las características del mismo aparato. El presidente va a comprar un avión de 40 años de antigüedad, a un precio del doble de lo que cuesta y que va a ser chapa y fierro dentro de poco tiempo. El amigo empresario fue tan gentil que además le prestó dos veces la aeronave al presidente para que diera una vueltita, aquello de pruébelo y si le gusta se lo queda. No es serio y es una espantosa señal.

Mucho peor por el momento en que se hace. Esta semana el ministro Astori anunció el control estricto del gasto público. La mano económica viene mal. El déficit fiscal se acerca al 4% ajustado, un punto más de lo previsto por Economía, que además proyectaba bajarlo este año y aumentó. El país se estancó y el gobierno procesa un ajuste fiscal desembozado a través de las tarifas, de las restricciones de la inversión pública y de un aumento progresivo de varios impuestos. El trabajo se deteriora por su cantidad y por su calidad, y mientras tanto el ejemplo desde arriba no es de austeridad sino de frivolidad. Y tampoco es transparente, esta compra es sospechosa porque de cristalina no tiene nada.

Gastar un millón y pico de dólares puede ser poco para algunos o mucho para otros, depende del destino y de las prioridades del país. ¿Es esta una prioridad en este momento? ¿Es la señal que corresponde? Se le pide a la población ajustar los cinturones y el presidente quiere ajustarse el de un avión privado.

Siempre, pero mucho más cuando las papas queman y el gobierno pide sacrificios al pueblo, hay que acordarse de aquello que aprendimos en nuestra casa: para que haya regocijo abajo, debe haber dignidad arriba.

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