Javier García
Javier García

El apellido de todos

La sesión del Senado que terminó con la aprobación de una comisión investigadora para Ancap y con diez años de negativa a votarlas de parte del oficialismo, dejó otras novedades.

En medio del debate un senador del gobierno advirtió que una denuncia parlamentaria no podía significar que los jerarcas y exjerarcas investigados fueran dañados en su moral y que había que cuidar sus nombres. Que atrás de esas personas había trayectorias, familias y amigos. En resumen, un apellido limpio no podía ensuciarse al fragor de una conquista política y advirtió que había que “cuidar la moral” de la gente. Es de las cosas más importantes que sucedieron en la sesión, si no la más trascendente en términos éticos, por más que obviamente la atención estaba puesta en el voto del FA.

Dos cambios profundos resultaron de esta sesión: el voto para investigar y además que el FA -si lo dicho por el senador representa a su bancada- dejará de hacer política con el buen nombre de sus adversarios.

La sesión del Senado que terminó con la aprobación de una comisión investigadora para Ancap y con diez años de negativa a votarlas de parte del oficialismo, dejó otras novedades.

En medio del debate un senador del gobierno advirtió que una denuncia parlamentaria no podía significar que los jerarcas y exjerarcas investigados fueran dañados en su moral y que había que cuidar sus nombres. Que atrás de esas personas había trayectorias, familias y amigos. En resumen, un apellido limpio no podía ensuciarse al fragor de una conquista política y advirtió que había que “cuidar la moral” de la gente. Es de las cosas más importantes que sucedieron en la sesión, si no la más trascendente en términos éticos, por más que obviamente la atención estaba puesta en el voto del FA.

Dos cambios profundos resultaron de esta sesión: el voto para investigar y además que el FA -si lo dicho por el senador representa a su bancada- dejará de hacer política con el buen nombre de sus adversarios. Porque esa en verdad fue su actitud histórica y contumaz: ensuciar el nombre, el honor, la moral y por transitiva herir a las familias de aquellos a quienes denunciaba siendo oposición, privándolos de algo básico no solo para el derecho sino para la gente de bien: la presunción de inocencia y el apellido sin mancha.

Ya nadie le devolverá, por ejemplo, a “Polilla” García Costa las horas vividas defendiéndose de la infamia, del ataque inmoral, y a sabiendas falso de aquellos que levantándose pocos centímetros de piso lo atacaron sin pensar en su apellido, en su honor y menos en su familia. Hoy, si Polilla estuviera entre nosotros, podría preguntar: ¿mi apellido vale menos que el de Sendic? ¿Mi familia tiene menos derecho a ser respetada? Pero no está y el sufrimiento desgraciadamente no tiene devolución, ni se compensa con el cariño de quienes sí respetan. Es así. Esta fue la historia del FA en la oposición. Aunque no vamos a generalizar, por lo menos era la de muchos de sus dirigentes ante el silencio de otros que quizás no lo hacían, pero tampoco se revelaban ante esa práctica corrupta.

El Frente Amplio, lo dijimos en sala, tiene la garantía del Partido Nacional de que moral, apellido y por supuesto la familia de cualquiera de los investigados van a tener la protección que ellos no dieron.

La política no puede ser barro, ni basura. Está expuesta a las debilidades de las personas, a sus corrupciones morales además de las materiales, pero se debe hacer sobre la presunción del bien querido por todos, porque la vida democrática no es para destruir personas, es para superarlas con honor, sin él no vale la pena.

En todos los partidos puede haber gente venal. Pero no hay que marearse, son la excepción y si Uruguay tiene la estabilidad política que se reconoce es porque nuestros partidos son honestos y lo otro es la excepción absoluta.

Si el FA aprendió esto, la victoria, el logro del Partido Nacional de esta semana fue doble. Pero el más importante es este cambio del que nada se habló. Ojalá la palabra del senador Martínez Huelmo sea representativa y además contagiosa en ese partido. No podemos entrar en la máquina del tiempo y hacerles devolver el sufrimiento que causaron, pero si logramos que en adelante nadie más use la infamia para ganar un voto, entonces hemos ganado una gran batalla. De esas que agregan paz y nos elevan a todos.

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