Javier García
Javier García

Alas caras

La tragedia de Dolores y las inundaciones en varios departamentos despertaron solidaridades siempre latentes. Todos, de una u otra forma ayudaron. Se dispararon cientos de expresiones de la sociedad civil, especialmente de jóvenes, que prendieron fogones de ayuda juntando tanta ropa y alimentos que desbordaron las necesidades. Hubo una, sin embargo, que más que ayuda pareció una enorme cachetada a la razón y a la inteligencia: el avión de Alas U que trasladó a Durazno donaciones del Pit-Cnt.

La tragedia de Dolores y las inundaciones en varios departamentos despertaron solidaridades siempre latentes. Todos, de una u otra forma ayudaron. Se dispararon cientos de expresiones de la sociedad civil, especialmente de jóvenes, que prendieron fogones de ayuda juntando tanta ropa y alimentos que desbordaron las necesidades. Hubo una, sin embargo, que más que ayuda pareció una enorme cachetada a la razón y a la inteligencia: el avión de Alas U que trasladó a Durazno donaciones del Pit-Cnt.

Esa “vela prendida al socialismo” que según el inefable Mujica fue el Fondes, subsidió una experiencia riesgosa como es la de fundar una empresa aérea de bandera que absorbiera a algunos trabajadores de la ex Pluna. Uno de los rubros más competitivos comercialmente es el de las empresas de aviación. La batalla de las aerolíneas reserva ese mercado para poderosas empresas que compiten descarnadamente por líneas y frecuencias y en ese camino se asocian para ser más grandes y posicionarse mejor.

La historia de Alas U es bien conocida y su futuro incierto, también. Muchos millones de dólares puestos por los uruguayos en préstamos y varias extensiones del seguro de paro para cientos de trabajadores es el costo, por ahora. Era un desafío muy difícil y solo la tenacidad de sus funcionarios, que fue admirable, y las facilidades económicas y financieras que todos los uruguayos aportamos, su único soporte.

En el medio de las dificultades que Alas U tiene, el vuelo a Durazno de la pasada semana opera como una burla para todos. Es obvio que se intentó congraciar a la ciudadanía con ese gesto, pero el efecto fue exactamente el contrario. Nada justifica que para recorrer 180 km de distancia trasladando mercaderías donadas, se requiera poner un Boeing 737, gastando decenas de miles de dólares de una empresa que está muy comprometida y que nació por préstamos sociales (de la sociedad uruguaya) que nunca se saldarán.

Hay un límite entre la solidaridad y la tontería, y aquí se pasó. Para hacer el traslado alcanzaba con algún viaje de camión que por unos pesos cargara el gasoil y le diera un buen viático al chofer y unos acompañantes para en algún lugar de la ruta 5 se tomara un refresco, se alimentara y en dos horas estar en destino. El viaje en avión a Durazno es una burla que no solo no muestra solidaridad, sino que golpea en un país que ya vio derroches majestuosos en empresas públicas fundidas por la desidia, la politiquería, el amiguismo y la corrupción y ahora ve cómo le toman el pelo gastando innecesariamente decenas de miles de dólares, de una empresa subsidiada, para hacer lo que por unos pocos pesos se podría haber hecho en forma más racional y respetuosa de la gente.

La justificación de una aerolínea de bandera se debe hacer por la eficiencia en la administración de recursos y el buen servicio que le permita subsistir en un mundo muy competitivo. En definitiva, Alas U vuela por dinero público, el mismo que ahora hace falta para ayudar en la emergencia social y productiva por la que atraviesa buena parte del Uruguay. Gastar miles de dólares de ese dinero en un vuelo absolutamente injustificable, solo movido por razones políticas, es una enorme falta de respeto, por lo menos eso.

Ese vuelo fue una parodia de mal gusto en el medio de una ola de solidaridad anónima de miles de uruguayos, de la que sí hay que estar muy orgullosos.

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