Javier García
Javier García

El ajeno y el propio

Desde el caso Bengoa, pasando por PLUNA y la solicitud de procesamientos de Calloia y Lorenzo, como el reciente procesamiento del ex intendente de Treinta y Tres Amaral, a cuenta de otros de dirigentes de menor jerarquía, y la investigación actual en Casinos, el Frente Amplio bebió de una medicina que utilizó con obscenidad para propinarle a los demás partidos: la corrupción.

Desde el caso Bengoa, pasando por PLUNA y la solicitud de procesamientos de Calloia y Lorenzo, como el reciente procesamiento del ex intendente de Treinta y Tres Amaral, a cuenta de otros de dirigentes de menor jerarquía, y la investigación actual en Casinos, el Frente Amplio bebió de una medicina que utilizó con obscenidad para propinarle a los demás partidos: la corrupción.

El país de las dos mitades, cortadas con precisión por la izquierda, se dividía así: la honestidad administrativa, la sensibilidad social, los trabajadores y el progresismo son de izquierda. La corrupción, el amiguismo y los empresarios y estancieros son de derecha. Esto de las izquierdas y derechas es más extranjero que desayunar con panceta y huevos fritos. Acá las cosas son bien distintas y la práctica del gobierno lo demostró. La realidad les estalló en los ojos. Ni la honestidad es monopolio de ningún partido, ni los corruptos propiedad de nadie así como poderosos empresarios son lugartenientes de Tabaré Vázquez (otro gran empresario), y le ponen autos y avionetas. Algún productor arrocero muy rico hacía propaganda por el FA y otros ponían la tricolor en su portera progresista o se pechan en el “quincho de Varela” a ver quien come más tiras de asado con Mujica.

Pero el caso de la corrupción es bien paradigmático, porque a cuesta de él en buena medida el FA llegó al gobierno. No entendieron que desgraciadamente este fenómeno es generalizado en los ámbitos de poder, político y económico, público y también privado. No generalizado por su cantidad, por suerte y por lo menos en Uruguay, pero si porque existe sin excepciones.

Lo digo sin pruritos: el Frente Amplio es un partido honesto, la inmensa mayoría de sus dirigentes lo son, se dedican a servir desde su función. Tan honesto, no más, como el Partido Nacional y sus dirigentes o los colorados o independientes. Por no haber ejercido el poder creían que esa lluvia no los mojaba, pero bastó asumir la Intendencia de Montevideo y más tarde el gobierno nacional para que los casos se apilaran.

El Frente Amplio sí tiene una diferencia con los demás y es cómo reaccionó ante cada caso. Desgraciadamente esa diferencia es profunda. Nunca el FA votó comisión investigadora alguna cuando los casos lo tocaron, las bloqueó en el parlamento y a nivel de la Junta Departamental de Montevideo. Cobijó a los dirigentes imputados y hasta respondió con actos políticos de respaldo como en el caso de Lorenzo este verano, acusando a la Justicia. Ni hablemos de suspender o echar a alguien del Partido. Comisiones investigadoras y expulsión o censura partidaria fue la norma ética en el Partido Nacional, incluso en algún caso que más tarde la Justicia sobreseyó.

Cuando la Justicia actuó contra dirigentes blancos o colorados era palabra santa, si la misma Justicia acusaba a frentistas entonces era una politización de ésta, como dijo recientemente el inefable Valenti. No es casualidad que desde el grupo de Astori se proponga un Ministerio de Justicia, como existió en la dictadura, lo que sería el fin de la independencia del Poder y su sometimiento.

No nos alegramos de las corrupciones en el FA. Si deberán aprender que el honor es sagrado y que esos honores por suerte para Uruguay, abundan en todos los partidos. No van a pedir disculpas por haber embarrado, pero ya saben que ese barro los manchó en el alma.


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