Javier García
Javier García

¿Se acuerdan de Malinche?

El Frente Amplio padece de la fe de los conversos: de no querer saber nada con las plantas de celulosa a atravesar el mundo para que se instale la tercera en el país, la segunda de UPM.

En una fenomenal vuelta carnero que de aquella teoría aldeana de que Uruguay crece a costa de su mínimo mercado interno, a esto de ahora que los lleva a encerrarse en un cuarto con los finlandeses y a espaldas de todos negociar no se sabe qué, para que se instalen. La industria pastera paso de ser depredadora medioambiental antes, a salvadora del PBI ahora. Como siempre los conversos se pasan de rosca y para demostrar sus nuevas convicciones suelen ser radicales para ocultar su pasado.

Quienes siempre defendimos la inversión externa, en un país que la necesita mucho, también defendemos que las reglas sean claras, transparentes, estables, que fomenten la inversión y sean llamadoras de nuevos emprendimientos. Es obvio que para que vengan a Uruguay y no vayan a otro país debe haber estímulos. No vienen a hacer filantropía, vienen a ganar dinero. Al país le sirve lo que invierten, el empleo que generan directamente y sus externalidades. Hay que ponerles buena carnada para que el pique sea acá y no en otro lugar.

En el caso de UPM las exigencias de la empresa parecen ser importantes; no extraña, necesitan las garantías de parte del gobierno de que no será ocupada ni paralizada, sabiendo que otra planta ya lo sufrió. Y exige además que su producción tenga un flete adecuado, ferroviario. En suma, relaciones laborales especiales y garantizadas, infraestructura en marcha antes de poner el primer ladrillo, y tratamiento tributario que le sirva. Esos son los títulos.

Como la inversión pasa de este período de gobierno, el "compromiso país" no puede ser asumido por quienes están hoy en el gobierno con desconocimiento de quienes estarán mañana. Los finlandeses mismos lo deberían pedir, les daría más garantías, pero eso son tres monedas aparte. Es más, lo increíble es que el gobierno hizo participar al Pit-Cnt de los acuerdos, pero no a los partidos políticos. ¿Y si en el día de mañana otro partido en el gobierno u otra mayoría en el PIT no comparten las concesiones, qué garantiza su estabilidad?

El secretismo y la falta de transparencia no tienen nada que ver con la eficacia de la negociación. Lo único que aportan es dudas y sospechas que llegan al límite de que desde dentro del propio equipo económico genere resistencias. Pero además, ¿por qué debe haber relaciones laborales distintas para una rama de la economía, o peor aún para una empresa específica y no para todas en igualdad de condiciones? Los empresarios uruguayos, el productor, el industrial, el bolichero, el tendero, también tienen derecho a exigir igualdad de relaciones laborales y por qué no que le aflojen la horca impositiva. Está bien estimular la inversión externa pero también aflojarle el cuello al compatriota que levanta la cortina de su negocio todos los días y lo único que recibe es el apriete, la inspección y la persecución fiscal.

Bienvenida la inversión, pero el oscurantismo de los compromisos que se asumen no obliga a quienes no participan de la mesa. Son concesiones, con suerte, de bastante menos de medio país y de un gobierno que está terminado muchos antes de tiempo. Pobre Malinche, en medio de tanta reunión secreta pocos se acuerdan de su maldición.

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