Javier García
Javier García

El abuso y la voltereta

El FA plantea derogar el delito de abuso de funciones. Es aquel que aplaudía y festejaba cuando era aplicado a gobernantes de otros partidos. Antes era corrupción, ahora deslices administrativos. Chorros antes, ahora compañeros un poco desprolijos. El expresidente del BROU, Calloia, y Lorenzo, exministro de Economía, están procesados por ellos. Ya los aplausos y los festejos no se escuchan más. Quizás en el futuro no muy lejano también se pueda aplicar a otros casos muy sonados, algunos tan grandes como la chimenea de Ancap.

El FA plantea derogar el delito de abuso de funciones. Es aquel que aplaudía y festejaba cuando era aplicado a gobernantes de otros partidos. Antes era corrupción, ahora deslices administrativos. Chorros antes, ahora compañeros un poco desprolijos. El expresidente del BROU, Calloia, y Lorenzo, exministro de Economía, están procesados por ellos. Ya los aplausos y los festejos no se escuchan más. Quizás en el futuro no muy lejano también se pueda aplicar a otros casos muy sonados, algunos tan grandes como la chimenea de Ancap.

Entre el aplauso cuando se aplicaba a otros y la actualidad, lo único que media es la conveniencia política del FA de querer salvar a sus correligionarios y luego hacer campaña sobre las “infamias” y decir que no era nada porque hasta se eliminó el delito.

Es notorio que lo que empuja esto no es una discusión jurídica, técnica, sobre una figura penal sino la campaña electoral que motiva la intención derogatoria. El impulso de brutal ferocidad con el que esta semana próxima llevarán el debate al Senado es para rápidamente pasar el trago amargo y apostar al olvido, y con ello ayudar a sus correligionarios. Aquí, aunque parezca un debate legal, de nuevo está lo político por encima de lo jurídico. Es adaptar la ley a las necesidades electorales del FA. No se puede debatir un Código Penal en virtud de las urnas, no solo no es serio, es una salvajada. En otras circunstancias, liberados de urgencias de ese tipo y de intenciones políticas tan evidentes, debe mejorarse el marco de la lucha contra la corrupción, pero esto es justo lo contrario, quita herramientas ¡en medio de un sistema político cuestionado!

Llevado así contra el reloj electoral es un gravísimo error por el cual el FA se hace un gran daño político y no salva a nadie. La jugada los condena pública e irremediablemente y le pega, aunque lo vote solo el FA, un terrible golpe al sistema político que ya tiene bastante averiada su credibilidad. Lo lógico, lo lineal, es que la opinión pública vea esto como una medida corporativa de “los políticos” para salvarse, “se arreglaron entre ellos”. Es tan garrafal el error que lo que hay que mirar es el daño general que producen los que lo voten, no a un partido sino a todos. La gente reclama a gritos ética y prestigio institucional y esto es un desprestigio que barre con la credibilidad no solo de quien lo vote sino del sistema en general. Abran la ventana, miren el barrio, Brasil, Argentina, y no se tranquilicen diciendo que aquí somos diferentes porque si se vota esto va a ser difícil encontrar las diferencias. No es un tema de montos ni de escalas, es de señales que se confunden con las de allí. Acá todo es más chico, pero existe.

Este es un lodo grande y la opinión pública está indignada. Recapacite el oficialismo sobre el daño institucional que va a hacer. Alguno podría pensar que lo mejor para la oposición es que lo vote el FA y quedarnos con la bandera. Es un error, esto es malo y nadie sale bien. Cuando la política deja de ser representativa y es corporativa, no vale nada, pierde la democracia y ganan los que dicen son todos iguales. Y no somos todos iguales. Hay que reconstruir el decoro de un sistema que está muy golpeado y muy lejano de la gente. No lo alejen tanto que nos separe un abismo de los uruguayos. Esto es un enchastre a la democracia; son responsables unos pero manchan a todos.

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