Javier García
Javier García

¿Qué Estado?

La vieja discusión sobre la participación del Estado en la vida de la sociedad está lejos de saldarse. Dentro de cada partido, de todos, hay matices, desde los que defienden la mayor injerencia hasta los más abstencionistas.

La vieja discusión sobre la participación del Estado en la vida de la sociedad está lejos de saldarse. Dentro de cada partido, de todos, hay matices, desde los que defienden la mayor injerencia hasta los más abstencionistas.

La realidad, sin embargo, es mucho más tozuda que la ideología y como quien no quiere la cosa, en un gobierno de fuerte impronta intervencionista, el Estado no cumple con aquellas misiones primarias que sólo los más liberales le adjudicaban. El Estado no es hoy, siquiera, “juez y gendarme”. Sí le reservaron una fuerte intromisión policíaca en la vida de las personas con fines recaudatorios y de espionaje personal. Hoy desde un despacho de la DGI se puede saber hasta la marca de harina que usa para las tortas, el supermercado que se la vendió, o el talle de los championes que le compró a su hijo, los litros de nafta que puso en el auto y los minutos que paga de celular.

Pero también sabe lo que habló por ese celular, porque para eso el Ministerio del Interior tiene al famoso “Guardián” que escucha todo: a los delincuentes, a los narcos cuando lo manda la Justicia, pero también si quiere a usted. O alguien es tan iluso que confía en estas autoridades que están, entre otros, guiados por un expresidente que habla de la vida privada de políticos de su partido y lo usa políticamente en forma pornográfica. Para muchos de los jerarcas de gobierno formados entre conspiraciones y operativos de inteligencia, el poder en la política se logra con información privilegiada, que sirve para decidir y chantajear. No hay límite.

La desprotección es mucho más que inseguridad pública, es estar vigilado y seguido, con un Estado policíaco más preocupado en la intimidad de las personas que en protegerlo para que viva en paz y libertad sin otro límite que hacerlo dentro de la ley.

La desprotección es también el Estado averiado y herido en su misión esencial de impartir Justicia. No es gendarme porque, a pesar de tenerlos, la batalla de la seguridad la vienen ganando los criminales ante la incapacidad estatal para enfrentarlos. Los chorros ahora también entran a robar en comisarías vacías. Y el gobierno por razones políticas estrangula a la Justicia económicamente. Cree que embroma a los jueces, que les gana la pulseada. Es tan chico de intenciones que no se da cuenta que el que sufre la ausencia de la Justicia, su lentitud y carencias, es el más pobre porque el que tiene dinero se resuelve por las suyas. La madre que espera una pensión alimenticia, el trabajador en su litigio laboral, la mujer violentada, esos son los que sufren una Justicia estrangulada por el FA.

Ni que hablar de la desprotección del comerciante, del profesional, del productor, para quien el Estado es nada más que su policía fiscal, al que solo le interesa cobrarle para pagar sus gastos necesarios y los escandalosos como la corrupción de Ancap. Para estos el Estado es el inspector cuando no el verdugo. Los tamberos, por ejemplo, sufren la desprotección de un Estado que los hizo meterse hasta el caracú para darles “oxígeno puro”, como dijo Vázquez y los clavó con Venezuela.

El viejo debate choca con la realidad. Del “Estado de bienestar” al actual de malestar con el Estado. Los neosocialistas disfrutan de un Estado chusma y recaudador para despilfarros, mientras los uruguayos reclamamos un Estado que cuide a su gente o por lo menos que no la lastime más.

Reportar error
Enviado
Error
Reportar error
Temas relacionados
Te recomendamos
Max caracteres: 600 (pendientes: 600)